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Trump busca vincular el acuerdo con Irán a una expansión de la normalización con el régimen isr4hellí

El gobierno israelí considera que uno de sus objetivos tras la guerra es normalizar las relaciones con los países árabes y reconfigurar Medio Oriente mediante la expansión de sus relaciones políticas y la creación de nuevas redes económicas y de seguridad que refuercen su posición regional.
Annur TV · Jueves 4 de junio de 2026 10:26
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Trump busca vincular el acuerdo con Irán a una expansión de la normalización con el régimen isr4hellí

El presidente estadounidense Donald Trump instó a las naciones de la región a adherirse a los acuerdos de normalización —exhortación que abarcó a Estados que ya mantienen vínculos y tratados con "Israel", como Egipto, Turquía y Jordania— en un comunicado difundido días atrás a través de su plataforma Truth Social.

En él, vinculó las negociaciones con Irán a la ampliación de los "Acuerdos de Abraham" y mencionó explícitamente a Arabia Saudita, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania, junto a Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, firmantes originales de dicho pacto.

Las declaraciones de Trump son indisolubles de la consigna de imponer la "paz a través de la fuerza"; no obstante, la fuerza por sí sola fracasó en implantar su visión en la región, por la sencilla razón de que no logró una victoria militar sobre Irán ni consiguió someterlo mediante la amenaza de destrucción total. Tampoco alcanzó sus objetivos por la vía de la negociación, por lo que parece haber recurrido al chantaje —dirigido no hacia la parte iraní, impermeable a tales presiones, sino hacia los actores regionales deseosos de concluir la guerra por temor a comprometer sus propios intereses.

Las pretensiones de Trump convergen plenamente con la voluntad de Benjamín Netanyahu, quien aspira a transformar Medio Oriente. Del mismo modo que Trump fracasó en alcanzar sus metas mediante el poderío militar, Netanyahu tampoco logró dirimir sus conflagraciones en Gaza, el Líbano e Irán, ni clausuró frente alguno ni obtuvo la victoria absoluta. Así, ambos mandatarios se proyectan como líderes en crisis que buscan una salida comercializable ante sus respectivas bases electorales en vista de los comicios de finales del presente año.

Lo que persiguen no es un mero acercamiento político, sino la articulación de un nuevo bloque regional que propicie la reconfiguración de Medio Oriente conforme a los intereses israelíes y bajo subordinación a las directrices políticas estadounidenses. Intentan generar la ilusión de que la región se encamina hacia un pacto integral cuyo epicentro es "Israel", concebido como eje que aglutinaría a los países del Golfo, Egipto, Jordania, Turquía y Pakistán con el propósito de aislar a Irán y a sus aliados.

A modo de ilustración, esta visión no pretende que un Estado como Egipto permanezca en una "paz fría" con "Israel", sino que propugna relaciones normalizadas en todas las esferas —popular, mediática y cultural—, además de coordinación en los ámbitos económico, securitario y político sobre las cuestiones capitales de la región: Gaza, el mar Rojo e Irán. En cuanto a Turquía, otro Estado mencionado explícitamente por Trump, el mandatario busca reconducir las tensas relaciones entre Ankara y "Tel Aviv" —deterioradas a raíz de la guerra de exterminio en Gaza— hacia puntos de entendimiento en materia de Siria, Irán, energía y comercio.

Trump sostiene que la clave de la transformación regional radica en Arabia Saudita, país que condiciona la normalización con "Israel" al inicio de una vía de solución para la causa palestina, premisa que Netanyahu y su coalición de extrema derecha rechazan. En consonancia con ello, las principales naciones aludidas en la declaración que carecen de vínculos oficiales con "Israel" —Arabia Saudita, Qatar y Pakistán— vincularon el proceso de normalización con la cuestión palestina y no con el contencioso iraní, lo que sitúa la propuesta de Trump en el marco del chantaje, con el propósito de trasladar la responsabilidad a los Estados regionales que rechazaron el llamamiento en caso de que decida retornar a la senda bélica contra Irán.

La exhortación de Trump sobrevino, además, tras la intensificación de las críticas en el seno del Partido Republicano ante un eventual acuerdo con Irán. En su propuesta de ampliar la campaña de normalización, Trump divisa un instrumento para forjar un nuevo hito de éxito que suscite debates internos y desvíe la atención del fracaso en doblegar a Irán —tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociaciones—, ante las advertencias de los halcones de su partido sobre las repercusiones para la formación y para el propio Trump si se suscribe un pacto que no refleje la derrota de Teherán.

La iniciativa para expandir los "Acuerdos de Abraham" plasma, en definitiva, la crisis estratégica que padece el mandatario: su incapacidad para derrotar y someter a Irán por vía militar o diplomática. Este escenario acarreará consecuencias formidables para la hegemonía estadounidense como superpotencia, así como repercusiones inmediatas para Trump y su partido ante las elecciones de mitad de mandato. Si opta por reanudar las hostilidades contra Irán o refrenda un pacto que no colme sus aspiraciones, la pérdida resultará inevitable —circunstancia que lo impulsó a una huida hacia adelante y a confrontar las presiones internas con una idea quimérica que no constituye un plan ni una iniciativa, sino un simple mensaje que se añade a su historial de declaraciones contradictorias.

En el supuesto de que Trump apueste por transformar el acuerdo con Irán en la antesala de una normalización regional más amplia, su envite dependerá de la evolución de la guerra o de las negociaciones con ese país —elementos que definirán la fisonomía política de toda la zona—. Si Estados Unidos fracasa en el sometimiento de la parte iraní, el círculo de normalización podría expandirse hacia Irán y no hacia "Israel".

Desde la perspectiva israelí, el ejecutivo considera que uno de sus objetivos postbélicos es consolidar la normalización con los Estados árabes y reconfigurar Medio Oriente mediante la ampliación de sus vínculos políticos y la construcción de nuevas redes de seguridad y economía que afiancen su posición regional. "Israel" no aborda los "Acuerdos de Abraham" como un proceso concluido en 2020, sino como una trayectoria que requiere culminación y desarrollo tras la guerra. Por ello, la declaración de Trump aconteció en coordinación previa con Netanyahu y fue respaldada por Lindsey Graham mediante afirmaciones de tono amenazante hacia los Estados que rechazan la normalización.

Pese a que "Israel" constata que los Acuerdos de Abraham permanecieron en su nivel oficial y de seguridad —y que sus socios actuales no se retractaron de la relación a pesar del conflicto—, percibe al mismo tiempo que la guerra debilitó las esferas de la normalización civil, elevó el costo de avanzar con nuevos Estados y restituyó la cuestión palestina al núcleo de los cálculos regionales. Una realidad que "Tel Aviv" pretende sustituir por la cuestión iraní mediante la permuta y el chantaje, valiéndose, una vez más, de la constante asistencia de su fidedigno aliado, Trump.

Fuente: Al Mayadeen