Son las 10 de la mañana. Un autobús con cincuenta futuras maestras (todas chicas, salvo un chico), estudiantes de la asignatura Ciencias de la Naturaleza en Educación Infantil, del grado de Magisterio de la Universidad de Zaragoza, para en la entrada de la pista de Sieso de Jaca. El día está lluvioso y todas salen del autobús con los chubasqueros y los paraguas. Están un poco nerviosas, pero muy contentas, una salida fuera del aula siempre es un día especial que compartes con tus compañeras, con tus profesores y profesoras, y, en este caso, también con las personas que habitan en Sieso de Jaca, que ya nos esperan a la entrada de la pista de acceso al pueblo. El ambiente es expectante.
Las futuras maestras van a conocer Sieso de Jaca, un pequeño pueblo situado en el Valle de Caldearenas, en el Prepirineo Aragonés. Sieso se despobló tristemente en la década de los 60, la última familia abandonó el pueblo en 1965 dejando atrás una muy valiosa forma de vida y conocimientos milenarios. La vida en el entorno rural se basaba en la autosuficiencia (agricultura y ganadería), en unas relaciones sociales de apoyo mutuo y en la cooperación y el aprovechamiento respetuoso de los escasos recursos que ofrecía un entorno seco y duro. Durante muchos años la cultura, las casas, los caminos, las huertas y las fuentes estuvieron en ruinas, en silencio. Hoy es de nuevo un pueblo vivo gracias a un grupo de personas, niños, niñas y adultos, que hace ya más de diez años decidieron repoblarlo y recuperar la vida en este lugar.