Con fogatas, ofrendas a la Pachamama (Madre Tierra), música y bebidas, varios grupos esperan en vigilia el alba del 21 de junio que, según la cosmología andina, marcará el inicio de un nuevo ciclo de vida (Willka Kuti, en lengua aymara).
Declarada en 2005 Patrimonio Intangible, Histórico y Cultural de este país, la festividad del Año Nuevo Aymara es considerado un reflejo de la identidad boliviana. En junio de 2009, fue declarado feriado inamovible por el presidente Evo Morales mediante el Decreto Supremo 173.
El año nuevo andino comienza cada 21 de junio coincidiendo con el solsticio de verano y el nuevo ciclo agrícola, la fiesta es celebrada por los pueblos indígenas de Bolivia, Chile y Perú en medio de ofrendas al sol y a la madre tierra.
De acuerdo con la tradición en esta fecha se sacrifican llamas para ofrendar su sangre al sol, la tierra para la prosperidad de sus cultivos y alimentos para sus pueblos.
En la ceremonia estuvo el vicepresidente Alvaro García en ausencia del mandatario Evo Morales, quien está en reposo tras una operación en su rodilla izquierda. El gobernante celebró en la residencia presidencial, en el centro de La Paz, con ministros y personas cercanas.
Morales hizo una ofrenda a la Madre Tierra y poco después recordó que la guía en el hemisferio sur es la Cruz del Sur "comunidad de estrellas".
Esta celebración cobró vigor y recibió mayor impulso desde el arribo de Morales al gobierno en 2006, quien declaró feriado y denominó a la fecha Año Nuevo Andino Amazónico.
Creyentes de todas las capas sociales acuden a medio centenar de sitios en las montañas a esperar con las manos extendidas al cielo la salida del sol, Tata Inti, para los incas.
Los aymaras llaman a la celebración Willka Kuti (regreso del Sol) y el sitio principal de la ceremonia es el templo de kalasasaya en Tiwanacu, unas ruinas arqueológicas construidas por los tiwanacotas (2000-1500 a.C.) para medir el tiempo y realizar ofrendas.
Fuente: Associated Press
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