Sigmund Freud aprendió el idioma español solamente para darse el placer de leer El Quijote de La Mancha en la lengua original. Era un ferviente admirador de Cervantes.
Según se desprende de numerosas cartas entre Freud y su amigo Eduard Silberstein, escritas entre 1871 y 1881, ambos aprendieron el español de manera autodidacta. Incluso formaron una especie de sociedad secreta a la que nombran «Academia Castellana» y usaron como seudónimos los nombres de los dos perros protagonistas de "El coloquio de los perros" del "gran Cervantes"; solían firmar Freud como Cipion y Silberstein como Berganza. Publicadas en 1965, las cartas han sido traducidas al inglés, italiano, español y francés.