Japón tiene el prestigio de estar fascinado por los robots y los aparatos de alta tecnología. Es una nación a la vanguardia de la innovación manufacturera. Pero la realidad tecnológica en muchos sitios de trabajo es sorpresivamente diferente.
Este es un país que emplea humanos para hacer el trabajo de semáforos y donde empresas de renombre siguen utilizando programas de hace diez años. Las cintas de cassette todavía se venden en los numerosos almacenes que suplen oficinas al lado de las máquinas de fax. ¿Alguien se acuerda de esas? Hasta las visionarias compañías como Sony todavía envían faxes. "Suelen usar el servicio postal o el fax para comunicarse. Algunas veces nos llega un fax escrito a mano, lo que significa que ni siquiera usan un procesador de palabras como Word", dice Yoji Otokozawa, presidente de Interarrows, una firma consultora de tecnología basada en Tokio. "Los departamentos de tecnología japoneses son implacablemente conservadores y odian conectar sus computadoras al mundo exterior. Le temen al robo de datos y al hacking, lo que también hace que le teman a lo que hay afuera", explicó. Como señala Martin Ford, autor de El auge de los robots, entre más avanzada sea tu tecnología más probable es que te reemplace. Así que, a pesar de tener una imagen pública de amor por la tecnología, gran parte del Japón corporativo parece estar empeñado en atrincherarse contra la automatización y preferir el uso de personas en lugar de máquinas donde sea posible. Después de todo, los faxes no se contestan solos.
Resulta curioso que esto suceda en el país que desarrolló el primer sistema de pagos electrónicos sin contacto del mundo, el tren bala y el Sony Walkman.
En Japón se puede pagar con el teléfono pero, en realidad, aquí casi nadie usa sus carteras electrónicas; lo mismo pasa con Skype en la oficina u otras herramientas de archivo disponibles en la nube, como Dropbox.
Todo a pesar de que Japón tiene una de las mejores infraestructuras de internet en el mundo.
Es poco probable que esta estrategia sirva para frenar el auge de la inteligencia artificial, de robots y automatización en un mundo que está pasando de una economía basada en productos básicos (commodities) a una basada en capital intelectual.
Pero el Japón corporativo parece seguir haciendo el intento.
