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Palestina: régimen israelí se apropia del agua

Annur TV · Lunes 18 de julio de 2016 14:40
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Palestina: régimen israelí se apropia del agua

Casi medio siglo después de la guerra de 1967 Israel no solo no ha cedido un ápice en su posición sobre el agua sino que ha incrementado la apropiación del vital líquido que hay en los territorios ocupados. Mientras los israelíes disponen del agua que precisan, los palestinos se tienen que contentar con la que les da el ejército, una situación que adquiere proporciones dramáticas en Gaza y en algunas zonas de Cisjordania.

En los calurosos veranos, en numerosos lugares de los territorios ocupados, incluida Ramala, los palestinos abren los grifos pero no cae una gota de agua. Los grifos están secos. En otros lugares el agua circula pero es de muy poca calidad. A menudo ni siquiera es potable. Aunque los palestinos disponen de agua, Israel ejerce un férreo control del líquido y les limita el consumo según sus intereses. La calidad del agua, especialmente en la Franja de Gaza, es pésima. Un reciente informe elaborado por la ONG israelí BTselem señala que el 90% del líquido al que tienen acceso los habitantes de la Franja no es potable y no es apta ni para el consumo ni para cocinar ni para ducharse ni para lavarse los dientes: está demasiado salada y sucia, además de contener un alto porcentaje de nitratos cancerígenos. Los cólicos y las enfermedades de la piel, entre otras, son moneda corriente.

Expertos independientes estiman que el 85% del agua procedente de los acuíferos de Cisjordania la extrae Israel y la suministra al interior de Israel y a los colonos que viven en la propia Cisjordania. La cantidad de agua que consume Israel de esos acuíferos asciende al 25% de su consumo total.

En cuanto al uso de agua con fines agrícolas, la situación también puede considerarse grave. Los agricultores palestinos que utilizan agua para esos fines son un porcentaje reducido que apenas puede irrigar una pequeña fracción de sus tierras.

En el Valle del Jordán viven 9.000 colonos  y las expropiaciones de tierra todavía continúan produciéndose en nuestros días. Solo esos 9.000 colonos, que en gran parte son agricultores, consumen el equivalente a la tercera parte de agua que consumen los 2,5 millones de palestinos que hay en toda Cisjordania, lo que da una idea de la asimetría que existe en relación a la distribución del agua. Otro dato alarmante es el siguiente: los 350.000 palestinos de la ciudad de Nablus, al norte de Jerusalén, consumen tanta agua como 175 colonos judíos del Valle del Jordán, según los datos facilitados por Natasha Carmi, una experta de la delegación palestina para el agua que de tanto en tanto dialoga con Israel sin obtener ningún resultado. Inmediatamente después de la guerra de 1967, durante la que Israel ocupó Cisjordania y Gaza, el ejército hebreo promulgó una serie de órdenes militares que le dieron el control de toda el agua. De hecho, ese conflicto llegó casualmente poco después de que en 1964 Israel iniciara el trasvase de agua del mar de Galilea hacia otras zonas del país. La guerra dio a Israel el agua del Golán. Numerosos historiadores consideran que la guerra de 1967 fue en realidad un conflicto causado por Israel para hacerse con el control del agua. Desde hace medio siglo, los palestinos no han tenido tampoco acceso al agua del río Jordán, a pesar de que en gran parte discurre por su territorio. Los palestinos exigen que se haga un ?reparto equitativo? del agua disponible en la región, algo que los israelíes se niegan a discutir. De los tres acuíferos que hay en Cisjordania, el más productivo es el llamado Acuífero Occidental, que discurre a lo largo de la línea verde, es decir en una zona que comparten israelíes y palestinos. Sin embargo, el agua procedente del Acuífero Occidental se destina a uso exclusivo de Israel desde 1967. El expolio ocurre en todos los frentes. Por ejemplo, el año pasado Israel declaró ?tierra estatal? una de las zonas más ricas de agua de la Cisjordania ocupada, concretamente el área de Wadi Fuquin, que se encuentra en el departamento de Belén, al sur de Jerusalén. Esta medida impedirá a los campesinos locales obtener agua de esa zona. Al mismo tiempo que roba el agua, Israel va dando largas a las reclamaciones palestinas con el argumento de que todo lo relacionado con el agua se discutirá cuando se aborde un acuerdo final de paz, algo que, por otra parte, los israelíes se niegan a negociar. Mientras tanto, la comunidad internacional, con Europa a la cabeza, se limita a hacer una declaración tras otra, todas ellas vacías de contenido, permitiendo que la situación se agrave de un año a otro. Los acuerdos de Oslo de 1993 decían que no se adoptarán medidas unilaterales pero son papel mojado. Desde entonces la población palestina ha crecido significativamente por lo que los palestinos tienen que comprar más agua a Israel a los precios que Israel establece, sin que se les permita usar su propia agua. Fuente: Público