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?No me importa si mueren?, testimonio de un traficante de órganos que explota a refugiados sirios
Hay un destello de orgullo en la mirada de Abu Jaafar cuando explica cómo se gana la vida. Jaafar trabajaba como guardia de seguridad en un bar, pero todo cambió cuando conoció una banda que traficaba órganos. Su ?empleo? ahora es encontrar a gente desesperada. Tan desesperada que está dispuesta a vender una parte de su cuerpo.
Y nunca le faltan ?clientes?, debido al flujo constante de refugiados sirios al Líbano, víctimas de seis años de guerra.
?Yo exploto a la gente?, me dijo.
?Pero hay que tener en cuenta que muchos de estos refugiados podrían haber muerto en la guerra, y que vender un órgano no es nada en comparación con los horrores de la guerra?, agregó.
?Los exploto. Pero al mismo tiempo ellos se benefician?, aseguró con frialdad extrema.
Su base de operaciones es un pequeño café en un edificio dilapidado cubierto con lonas de plástico en un suburbio del sur de Beirut. ?Sé que lo que hago es ilegal, pero en mi opinión estoy ayudando a los refugiados?, afirmó Jaafar.
En el fondo del café hay un cuarto diminuto lleno de muebles viejos. En cada rincón hay una jaula con un perico. En este cuarto, Jaafar negoció la venta de órganos de cerca de 30 refugiados en los últimos tres años.
?Generalmente los compradores piden riñones. Pero también he traficado otros órganos?, relató. ?Una vez me pidieron un ojo. Y logré encontrar a alguien dispuesto a venderme uno de los suyos. Tomé una foto del ojo y la mandé por Whatsapp a los compradores antes de cerrar el negocio?, aseguró.
?Están desesperados y la única forma de obtener dinero para sobrevivir es vender sus órganos?, dice Abu Jaafar.
Algunos refugiados, especialmente los niños, mendigan en las calles. Trabajan como lustrabotas, o deambulan entre los autos para vender chicle o pañuelos de papel. Otros son explotados en diferentes empleos o acaban en la prostitución. Pero vender un órgano es una forma de hacer dinero rápido.
Una vez que Jaafar encuentra un candidato lo conduce con los ojos vendados a un lugar secreto. A veces los médicos operan en casas alquiladas, transformadas en clínicas temporales, donde antes de la cirugía solo se les realiza a los donantes pruebas de sangre.
?No me importa si mueren??Cuando la operación está terminada los conduzco de nuevo a su casa?, agregó Jaafar. ?Sigo en contacto con ellos durante cerca de una semana hasta que le saquen los puntos. Luego de eso ya no me importa qué les sucede. Realmente no me importa si mueren. Yo obtuve lo que quería?, dijo sin tapujos.
?Mientras hayan recibido su pago, qué pase con ellos no es mi problema?, añadió.
Su ?cliente? más reciente fue un adolescente de 17 años que huyó de Siria luego de que su padre y sus hermanos murieran en la guerra. El adolescente había estado en Líbano durante tres años, sin trabajo, con deudas que no paraban de crecer. Y tenía la responsabilidad de mantener a su madre y a sus cinco hermanas. Así que accedió, a través de Abu Jaafar, a vender su riñón derecho por ocho mil dólares.
Dos días después de la operación vi al chico visiblemente dolorido a pesar de los calmantes. Estaba sentado en un sofá destartalado y cambiaba constantemente de posición para intentar aliviar su sufrimiento. Su rostro estaba brilloso por el sudor y sus vendajes estaban manchados de sangre. Abu Jaafar no quiso decirme cuánto dinero ganó con el riñón del adolescente.