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Opinión
Macri, Malvinas, bases militares y creciente militarización en América Latina
Por Carlos Aznárez | Resumen Latinoamericano |
?Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro. Nosotros no tenemos un problema de espacio como tienen los israelíes y en ese sentido, las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina?. Estas palabras surgidas de la boca del presidente argentino Mauricio Macri dan una pauta del nivel con que la administración argentina define lo que para la gran mayoría de los argentinos y argentinas es una de sus más grandes reivindicaciones históricas. En realidad el alto grado de irresponsabilidad y colaboración pro imperialista con que Macri habla de Malvinas es una radiografía del comportamiento del actual gobierno neoliberal sobre todos los temas que implican la controversia entre defensa o cesión de soberanía, inclinándose siempre por este último concepto. Lo que debería convertirse en exigencia al Reino Unido por lo que significa ese territorio malvinense convertido en una de las más poderosas bases militares de la OTAN en el Atlántico Sur, para Macri es solo un escollo en sus ansias de mostrarse condescendiente con los usurpadores.
Para entender lo que está ocurriendo con las Islas Malvinas, más allá de la concepción entreguista del macrismo, es imprescindible entender lo que ocurrió el 2 de abril de 1982. Dos días antes de esa fecha, los militares de la dictadura más sangrienta que soportó el país, respondieron con una violenta represión al alza de la lucha de masas y de resistencia obrera, protagonizada en una marcha multitudinaria el 30 de marzo. El régimen comenzaba a ser golpeado y eso aceleraba sus contradicciones internas. La situación del partido militar no era la de 1976 cuando a punta de terror, asesinatos, desapariciones e ilegalizaciones habían generado un poder letal y desestructurador.
De allí que era necesario provocar un giro copernicano poniendo en marcha un operativo de ocupación de las Islas que terminó en frustración. Lógicamente, esos uniformados dirigidos por el general Leopoldo Galtieri se burlaron del sentimiento patriótico del pueblo argentino y condujeron a miles de jóvenes soldados a un sacrificio y una derrota de magnitud. Si a todo esto se le suman los vejámenes, los malos tratos permanentes y el abuso de autoridad contra los combatientes por parte de los oficiales que terminaron rindiéndose vergonzosamente a los ingleses, se puede comprender por qué se instaló a partir de esa fecha la figura traumática de una nueva tragedia nacional, por la cantidad jóvenes que pagaron con su vida la locura de los dictadores.
A 35 años de aquellos acontecimientos es necesario visibilizar a qué niveles de militarización ha llegado Londres en ese territorio argentino y cuál es la concepción estratégica que se mueve detrás de cada una de la decisiones de la Corona en torno al mismo.
Existe en Malvinas, desde 1985, una gran base militar, denominada Mount Pleasant, ubicada a solo 60 kilómetros de Puerto Argentino, y a 700 km de la costa patogénica. Este enclave ocupa la región más llana de la isla Soledad, cercana al mar y apta para el desplazamiento de aviones y helicópteros. Dicho emplazamiento obedece a un plan estratégico de dominación de EEUU sobre América Latina que cobró mucho más fuerza después de la derrota militar sufrida en 1982. La OTAN en ese sentido, y en especial Inglaterra, son parte fundamental del acompañamiento a la política imperial estadounidense.
Una muestra transparente de dicha maniobra agresiva contra la soberanía argentina es el denominado ?Plan para el Océano Libre?, documento aprobado en 1980 por el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos donde se explica la importancia estratégica del Atlántico Sur y la necesidad de una acción combinada de las flotas de EEUU y sus aliados de la OTAN para el control de los espacios marítimos, señalando a Inglaterra como el principal de sus aliados, justamente por su ocupación de los archipiélagos de Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Es por ello que el ex presidente Ronald Reagan (1981-1989) no dudó en apoyar a Inglaterra en la guerra de Malvinas contra la Argentina, a pesar de que, en virtud del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), debía haberla defendido frente a una agresión extra continental.
Según un estudio suministrado por el Movimiento por la Paz y la Solidaridad de los Pueblos: ?Dado lo considerable de su extensión, la base militar malvinense cuenta con una red de avenidas que comunica las distintas instalaciones: cuarteles, hangares, campos de operaciones, la base aérea y dos barrios, uno para los militares británicos y otro para los civiles, un complejo con cines y bares, y el aeropuerto de las islas que también está dentro de la base. En el complejo hay una estación naval de aguas profundas ?llamada Mare Harbour? que es frecuentada por la flota de la Royal Navy, usada para patrullar el Atlántico Sur, con un equipamiento similar al que los efectivos británicos tienen en Irak y Afganistán, y silos y rampas para el lanzamiento de armas nucleares?.
Es en ese espacio en que se mueven habitualmente entre 1.500 y 2.000 militares, sobre un total de la población de 3.000 personas, de las cuales alrededor de 500 son civiles británicos, Cada uno de los contingentes se van renovando trimestralmente y muchos de los uniformados han combatido en Medio Oriente y utilizan el territorio malvinense para someterse a entrenamientos propios de tropas de elite.
Se calcula que el gasto militar anual que el Reino Unido invierte en la base militar es de 150 millones de dólares al año. Lo que significa que cada uno de los ciudadanos ingleses aportan anualmente 31.000 dólares para mantener una base que está a más de 13.000 kilómetros de distancia, en donde solamente está la Antártida y el Cono Sur. Otro dato a tener en cuenta es que el 7% del presupuesto de la OTAN está destinado a Malvinas.
Por otro lado, la flota británica en Malvinas está integrada por aviones de combate de quinta generación, los Eurosfighter Typhoon, equipados con poderosos misiles cruceros capaces de alcanzar gran parte del Cono Sur. Dos helicópteros Sea King, 2 helicópteros Sikorsky C-61, aviones Hércules, aviones Locked, avión tanque, protección antiaérea y misiles Reipel, un patrullero, un buque de apoyo, un buque de investigación, un submarino nuclear con capacidad de portar armas nucleares, un rompehielos, una fragata tipo 23. La base de Monte Agradable situada en la Isla Soledad, posee un importante centro de comando y control y una base de inteligencia electrónica que permite monitorear el tráfico naval y aéreo de la región; 800 hombres de la Real Fuerza Aérea, más de 500 efectivos del Ejército británico, 30 miembros de la Royal Navy; 2 pistas aéreas transcontinentales de 2.900 y 1.525 metros aptas para el aterrizaje y despegue de aviones de gran porte, que habitualmente se emplean para el transporte de tropas y equipos militares utilizados en maniobras conjuntas o para la conexión con la red de bases militares de Estados Unidos y la OTAN que se extienden por casi todo el mundo. Junto con la IV Flota, Malvinas cierra el círculo de la agresión a todos los pueblos que se defienden y resisten al acoso imperial.
Sin embargo, como ocurre casi siempre con la presencia de Estados Unidos o sus aliados guerreristas en una región, también se juega en Malvinas un tema de mucho dinero, y que tiene que ver con las regalías pesqueras que le proporcionan a los kelpers entre 1983 y el 2016 ganancias que superan los 160 mil millones de dólares. Gracias a las concesiones realizadas por el gobierno de Macri, el gobierno inglés en las Islas no solo controla la pesca que corresponde a Argentina, sino que tienen luz verde para seguir buscando petróleo en la zona.