Opinión
La victoria de Irán; el legado de Ruhollah Jomeini
Sdenka Saavedra Alfaro (Escritora, corresponsal de HispanTV)
El 3 de junio de 1989 fallecía Ruhollah Al Musavi Jomeini, más conocido como el Imam Jomeini, el hombre de carne y hueso, que cambió la historia del mundo en contraposición a las revoluciones que se suscitaron, que no sólo lideró una Revolución, sino que dejó consolidada, tras su victoria en 1979, la conformación de la República Islámica de Irán; así como todas sus posturas contra el sionismo imperialista, la arrogancia y la hegemonía mundial, las cuales hoy, continúan más vigentes que nunca.
El Imam Jomeini fue el primer líder religioso del siglo XX que provocó una revolución que comprendía 3 campos: la religión, la política y la cultura. Todos los líderes revolucionarios del siglo XX como Lenin, Mao TseTung, Mussolini, entre otros, desencadenaron revoluciones políticas y sociales; sin embargo, el Imam Jomeini fue el primer líder religioso que no separó la religión de la política y la cultura, lo que probablemente es la clave de la victoria y durabilidad de la Revolución iraní; pues la Revolución Islámica de Irán destruyó los orígenes de la ignorancia.
Su legado hoy, está cristalizado en un modelo de estado que tiene su fundamento, principios y sistemas sociales, que rompen las doctrinas y las teorías políticas, respecto al estado y el sistema de gobierno; pues la República Islámica es un estado “Sui Generis” a partir de que su esencia no obedece al hombre sino a los axiomas divinos, porque se estableció sobre su fe “En el Dios único y en la especificidad de la soberanía y del poder de legislar y en la necesidad de someterse totalmente a Él”, sus axiomas propios que tiene una vertiente prístina “El Corán”, el cual ha sido el vector fundamental que ha dirigido desde siempre a los musulmanes y a la Umma (Comunidad) Islámica en sus relaciones con otros pueblos, pues "Todas las leyes y decretos civiles, penales, fiscales, económicos, administrativos, culturales, militares, políticos y otros cualesquiera deberán ser promulgados basándose en los preceptos islámicos. Este principio tiene absoluta prioridad sobre todos los principios de la Constitución y sobre otras leyes y decretos"[1].
Sin lugar a dudas que los principios consolidados y la ideología de la nación persa, fueron los que llevaron a la victoria de la Revolución Islámica de Irán, liderada por el Imam Jomeini, que echó a Reza Pahlavi; “el Sha”, marioneta sirviente del imperio sionista, devolviéndole la dignidad y soberanía al pueblo, que hoy, después de 47 años continúa de pie, escribiendo una epopeya en las calles, esto no solo se ha visto en la cadena humana frente a las centrales eléctricas y nucleares, tras la amenaza de Trump de querer destruir toda una civilización; sino que ahora mientras se escriben estas líneas, continúan las masivas marchas y concentraciones, las que seguirán en defensa de su soberanía y en contra las injerencias del país del Norte y Tel Aviv.
Irán salió victoriosa de la guerra de 40 días, impuesta de Estados Unidos e Israel, que comenzó el 28 de febrero de 2026, demostrando al mundo que su raigambre ideológica del martirio en favor de su pueblo le ha valido el título de líder del “Eje de la Resistencia”, consolidándose como una potencia de Asia Occidental; pues ninguno de los objetivos de Washington y Tel Aviv, hasta ahora se han cumplido, que incluían la destrucción de sus capacidades nucleares, la eliminación de su sistema de defensa de misiles y el derrocamiento del sistema de la República Islámica.
La nación persa se mantiene unida, tras la designación inmediata del Ayatolá Mujtaba Jamenei, como el nuevo líder de Irán, después de la muerte ocasionada por los bombardeos de EE.UU. e Israel contra el líder supremo Ayatolá Ali Jamenei, quién cayó mártir el 28 de febrero.
Esta transición legítima y por sobre todo legal dentro de sus marcos constitucionales, subraya los cimientos inquebrantables del sistema “Wilayat al-Faqih”, asegurando la continuidad de la revolución islámica —aquella que derrotó a la monarquía de Reza Sha Pahlavi “sirviente de EEUU, la Corona Británica y Francia” en 1979— la que devolvió los medios de producción al pueblo para su independencia y autodeterminación.
Hoy esa continuidad marca un punto de inflexión, en la historia del siglo XXI, en base a la “unidad de un pueblo triunfante”, contra la arrogancia hegemónica, y ese es el gran legado del Imam Jomeini, cristalizado en la victoria de Irán contra Estados Unidos e Israel, la única nación del mundo que le ha asestado un duro golpe al “Imperio de Epstein”, ya que Estados Unidos transita por un camino de derrota y declive.
Al celebrarse los 37 años del fallecimiento del Imam Jomeini, los actores (estados, organizaciones internacionales e individuos) de la comunidad internacional, reconocen que Irán es una potencia en todos los ámbitos, pero fundamentalmente en su capacidad militar defensiva. De ser un país importador de insumos militares hoy se ha convertido en líder mundial en la producción de misiles balísticos hipersónicos y drones de última generación, convirtiéndose en una potencia militar capaz de destruir letalmente cualquier posición hostil de sus potenciales enemigos; en esa línea, si EEUU, la OTAN o su gendarme sionista insisten en desestabilizar a la República Islámica, tendrían que meditar muy bien sus acciones.
La República Islámica de Irán nunca invadió países, no asesinó a niños y mujeres, nunca oprimió naciones, ni las esclavizó, ni tampoco se adueñó de sus recursos naturales colonizando pueblos y destruyéndolos como lo ha hecho EE.UU. e Isarel; pues la política exterior islámica es contestaria desde los contextos de su realidad; no intervenir, no oprimir, ni ser oprimido, ya lo señaló Ruhollah Al Musavi Jomeini “La nuestra es la lucha de los pueblos descalzos contra el libertinaje y la prodigalidad de los desmesurados, la lucha de los valores ideológicos y revolucionarios contra el sucio mundo del poder, el dinero y la codicia”.
[1] Roberto Chambi Calle, “Derecho Islámico. Estado, Gobierno y Sistema Político Internacional”; ACIABOL, julio 2014, La Paz-Bolivia.