Opinión
Irán vs. EE.UU.: Análisis de la estrategia persa y las posibles lecciones para Bolivia
Por Roberto Chambi Calle (Jurista, teólogo y analista en RRII)
Tras la tregua del 7 de abril entre Estados Unidos e Irán, la República Islámica mantiene una posición de desconfianza hacia la administración de Donald Trump y el gobierno de Benjamín Netanyahu. Desde los ataques de junio de 2025, cuando Teherán sostenía negociaciones con Washington, las autoridades iraníes han priorizado el desarrollo de capacidades militares, incluyendo misiles hipersónicos, como complemento a la diplomacia.
El 22 de junio de 2025, Estados Unidos realizó un ataque militar contra territorio iraní, bombardeando tres instalaciones nucleares. Juristas consultados por diversos medios han señalado que esta acción podría contravenir el artículo 2(4) de la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de los Estados. La Asociación Europea de Abogados por la Democracia y los Derechos Humanos sostiene que la doctrina de la "autodefensa preventiva" carece de reconocimiento en el derecho internacional positivo. La Corte Internacional de Justicia ha interpretado restrictivamente la excepción de legítima defensa (artículo 51), exigiendo un ataque armado real o inminente. Amnistía Internacional ha cuestionado si en este caso se cumplió el requisito de necesidad, dado que las vías diplomáticas seguían abiertas.
Analistas de relaciones internacionales han intentado explicar la capacidad de resistencia iraní desde distintos marcos teóricos. Desde el realismo político, se destaca que Irán ha comprendido la importancia de la disuasión en un sistema internacional anárquico. Mientras Estados Unidos centró sus esfuerzos en destruir la marina y la fuerza aérea convencional iraní, Teherán invirtió durante décadas en capacidades asimétricas: lanchas rápidas, misiles antibuque y un arsenal de misiles balísticos. Según el Índice Global Firepower 2026, Irán cuenta con aproximadamente 95 millones de habitantes y 610.000 efectivos en servicio activo, frente a los 9,4 millones y 169.500 soldados de Israel.
Investigadores de la región también señalan la influencia de factores culturales e identitarios en la política iraní. La tradición Shiíta del martirio, con referentes como Husein (nieto del profeta Muhammad) en el año 680 d.C., es utilizada por el liderazgo iraní para fortalecer la cohesión social. El estratega Sun Tzu en “El arte de la guerra” sostiene que "si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas". Desde Teherán, la supervivencia frente a la primera potencia militar mundial es interpretada como un éxito estratégico.
El conflicto ha impactado las relaciones entre grandes potencias. China y Rusia han observado el poder disuasivo iraní como un factor que contribuye a la transición hacia un sistema multipolar. Al cierre del conflicto, el sistema político iraní, sus reservas de uranio enriquecido y su infraestructura petrolera se mantienen operativos. Diversos centros de análisis internacional coinciden en que Irán se ha consolidado como un actor relevante en la geopolítica de Asia Occidental.
Posibles lecciones para el contexto boliviano
Analistas políticos bolivianos han señalado que el caso iraní podría ofrecer referentes para los movimientos sociales del país, pues Bolivia atraviesa una coyuntura de protestas: organizaciones indígenas, campesinas, obreras y de amas de casa manifiestan su descontento contra el gobierno de Rodrigo Paz Pereira, a quien acusan de alinear su política exterior con Estados Unidos e Israel. Las demandas incluyen el rechazo al alza de la canasta familiar, los casos conocidos como "narco maletas", la denominada "gasolina basura" y la gestión de los recursos naturales.
Las movilizaciones —que incluyen cacerolazos, huelgas de hambre y bloqueos de carreteras— expresan, según sus participantes, una lucha por la dignidad y la soberanía nacional. Sectores de la oposición sostienen que el alineamiento con Washington afecta los intereses del país. Diversas organizaciones sociales han planteado la necesidad de unidad y organización como vías para alcanzar sus objetivos.
El caso iraní es contundente: la soberanía no se delega, se construye. Especialistas coinciden: sin capacidades propias ni cohesión social, no hay defensa posible. Naciones Unidas, Corte Penal Internacional, Consejo de Seguridad —todas mostraron sus límites frente a las acciones unilaterales de las potencias.
La lección es clara: los pueblos no pueden esperar justicia de organismos internacionales inoperantes, todo lo contrario deben edificar sus propios mecanismos de defensa; Irán es un ejemplo. ¿Y Bolivia? ¿Construirá su soberanía o seguirá dependiendo de quienes la violan?