La cocina está que arde, a las 7 de la tarde, en Flor de Siria, un pequeño local de comida árabe, en la ciudad de Córdoba. Faten Yalbuj arma las empanadas mientras John Altahhan (40) y Mervat Saddi (40) preparan kebbe al horno y puré de garbanzos. Farhan (10) y Marian (14) se ubican detrás del mostrador, atienden al público y sonríen.
Son refugiados sirios que llegaron a Córdoba huyendo de una guerra que pocos entienden y que, en cinco años, dejó unos 300 mil muertos, un millón de heridos y 10 millones de desplazados. ?Tuve que cerrar la fábrica porque los terroristas, los "barbudos" (musulmanes extremistas, entre ellos los del Estado Islámico), nos amenazaron. La última vez nos dijeron que como éramos cristianos, aliados al gobierno, teníamos que irnos porque si no iban a hacer explotar la fábrica con toda la gente adentro?, relata John. Sin opciones, bajaron la persiana de la fábrica de cartones y decidieron emigrar. ?Nunca imaginé que emigraría de Siria. Es un país maravilloso, pero con dos chicos con riesgo de muerte, no nos quedaba otra?, cuenta Mervat, la mamá de Farhan (Adrián) y Marian. Atrás dejaron familiares, amigos, dos casas, una en Homs y otra en Alhafar, y dos autos que no pudieron vender. Con pocas cosas salieron de la ciudad, con visa de turista, y recorrieron 160 kilómetros hacia Damasco, la capital siria. De allí al Líbano, para tomar el avión que los dejaría en Buenos Aires. ?Fue una decisión dura, sufro por esto. Pero espero que el futuro sea para mis hijos, que progresen y mejoren acá?, asegura John. La familia elabora y vende comida, con la ayuda de amigos y "paisanos". Viven en un departamento en el Centro. Marian y Farhan son alumnos del Colegio San Jorge, que pertenece a la iglesia cristiana romana ortodoxa. La familia es cristiana soriana ortodoxa, una minoría religiosa en su país.