La primera camada de estudiantes de Medicina de la Universidad Favaloro rendía sus últimas materias. Era diciembre de 1998, y acorde con la costumbre, a los médicos recién recibidos los esperaban fuera del edificio familiares y amigos armados con huevos, harina, aderezos. Cuando René Favaloro advirtió que los festejos implicaban tirarles comida a los recibidos no escondió su disgusto y desacuerdo con esa práctica. "El doctor Favaloro, en su momento, se enojó mucho con la primera camada de egresados de la carrera de Medicina, por el hecho de derrochar comida en un país «pobre»", contaron desde la oficina de Promoción Institucional de la Universidad Favaloro.
Con el correr de los años, la costumbre se afianzó y hoy es un clásico, especialmente en los meses de julio y diciembre, en cualquier universidad de Buenos Aires o en el interior del país. Incluso a veces pesa como una obligación ritualista hasta para quienes no quieren someterse a los huevazos -más de uno calló la última materia para evitarlos-. Revertirlo, entonces, dependería de un cambio cultural: dejar de desperdiciar comida sin necesidad de renunciar al rito. Con esa idea la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires lanzó el programa "Festejos responsables, recibite con un 10", que, a través de un stand montado delante de la facultad sobre la avenida Córdoba, ofrecen a familiares y amigos de quienes se reciben canjear la comida que iban a tirar por un kit de cotillón. Así, la comida recuperada puede ser donada y distribuida por Red Solidaria. "El programa trata de generar un cambio cultural en el modo de festejar una graduación, sin encararlo desde lo prohibitivo -dijo Stefano Di Carlo, coordinador de la iniciativa-. Del 70% que canjea, la mitad viene con espuma directamente, y la otra con alimentos no perecederos. Pero todavía hay un 30% que se resiste." Desde que pusieron en marcha el proyecto un par de semanas atrás, en Económicas ya juntaron dos toneladas de alimentos. Sí, dos toneladas que ya fueron entregadas a Red Solidaria. Y las proyecciones apuntan a que a fin de año, cuando se reciba el grueso de estudiantes, el acumulado rondará las siete toneladas.