La Profundidad de la Oración. Discursos del Ayatolá Seyyed Ali Jamenei. Ansaryian Publications. Qom, tercera edición 2002.
Traducción: Rashida Rojas
La oración y la adoración son los dos actos de comunicación más íntimos entre el hombre y Dios. La oración le da tranquilidad a aquellos corazones cansados, inquietos y perturbados, y es la esencia de la purificación interna y de la iluminación del alma.
Es un compromiso, una motivación a la acción, una movilización y un anuncio de que se está listo, de la manera más sincera, lejos de cualquier decepción o desilusión, por la negación de todo tipo de maldad, indecencia y por la afirmación de toda belleza y bondad. Es un programa para descubrirse a sí mismo, y subsecuentemente para construir la espiritualidad, o en pocas palabras, es una relación beneficiosa continua con la fuente de toda bondad: el Todopoderoso.
¿Por qué la oración es considerada como la obligación más importante?; ¿Por qué la oración ha sido descrita como el fundamento y la base de la fe?; ¿Por qué sin la oración nada es aceptado? Con el objetivo de hallar la respuesta a estas preguntas, analicemos varias dimensiones y aspectos de la oración. Para empezar, es menester enfocarse en los logros y los objetivos tras la creación del ser humano, lo cual se considera como uno de los ejes principales dentro del punto de vista de la ideología Islámica.
Si el hombre es un ser creado, y si creemos que una mano poderosa y sabia lo trajo al mundo, entonces es natural pensar que debe haber ciertos objetivos y logros tras su creación y su existencia.
Este objetivo puede ser denominado, de alguna forma, como un camino que lleva como destino final a Dios; viajar por este camino, de acuerdo a las indicaciones exactas y al mapa, eventualmente llevará hacia ese destino final deseado.
En este caso es necesario identificar el camino que lleva hasta el destino final, determinar la ruta y siempre tener en cuenta la razón por la cual se quiere llegar a ese resultado final. El que inicie esta caminata debe hacerlo sin girar hacia ninguna parte, debe tener siempre presente su destino final; no debe dejarse distraer por las diversiones que encuentre en su camino, o perder la atención en actividades fútiles. También, para continuar, debe mantener la posición correcta en la dirección específica y procurar no desviarse de las instrucciones prescritas por su Líder (por ejemplo, el Profeta (la paz sea con él y su descendencia).
Dicho logro es un paso hacia la exaltación y la infinita perfección. Es un volver a Dios y a las virtudes. Es el descubrimiento del poder innato y el potencial que se halla en cada uno, y el uso de ellos en el camino recto, por su propio beneficio, para el beneficio de los seres humanos y del mundo entero. Así pues, debemos identificar la existencia de Dios, y el camino que El ha prescrito para la exaltación de Sus seres humanos, y debemos movernos en esa dirección sin dudas ni aletargamientos.
Para hacer el trabajo que lleva al hombre más cerca de Dios, debemos desasociarnos de las cosas que son dañinas y perjudiciales; esa debe ser la filosofía de vida, de otra forma la vida se torna sin sentido, sin ningún objetivo. En otras palabras, la vida es como una clase o un laboratorio, en donde debemos actuar de acuerdo con las leyes y las fórmulas, las cuales han sido prescritas por Dios, el Creador del mundo y de la vida para, de esta manera, obtener los mejores resultados deseados.
Debemos identificar tales leyes, las tradiciones divinas y las leyes de la creación y moldear nuestras vidas de acuerdo a ellas. Así pues, primero debemos identificar nuestro propio ser, nuestras necesidades, lo cual se considera como una de las más grandes responsabilidades y obligaciones de todo ser humano {?}
La religión no sólo determina el objetivo, la dirección y la manera de emprender el viaje, sino que también le da al ser humano el poder necesario y las provisiones para llevar a cabo el viaje hacia la perfección. Obviamente, las provisiones más importantes no son más que el recuerdo de Dios.
{...}El hombre, dadas sus preocupaciones, no tiene el tiempo suficiente para ponerse a reflexionar sobre sí mismo, sobre su objetivo en la vida y sobre el pasar de los momentos, las horas y los días.
Muy frecuentemente los días se convierten en noches, un nuevo día comienza, y los meses y años pasan sin que el hombre tenga una oportunidad de darse cuenta del pasar del tiempo, sus significados y sus pérdidas.
La oración es como una sirena para despertarse, una advertencia para diferentes horas del día y de la noche, la cual provee al hombre de un programa que requiere compromiso para ser ejecutado, y así darle un sentido a sus días, noches y para que tenga en cuenta el pasar del tiempo. Cuando el hombre está inmerso en sus quehaceres del mundo, sin prestarle atención al tiempo y a lo inexorable de la edad, la oración lo alerta y lo hace entender que un día ha pasado y un nuevo día ha comenzado.
Fuente: Fátima tv