La invención del paracaídas se les atribuye a los antiguos chinos, derivado de un cometa en forma de barrilete. La tela era de seda.
Aún así, en el año 852 d.C, el filósofo, científico y químico andalusí, Abbas Ibn Firnas, inventó un paracaídas, con el que saltó desde una torre de la Mezquita de Córdoba. El experimento funcionó parcialmente, ya que a pesar de estar utilizando una enorme lona para amortiguar la caída, logró llegar al suelo sufriendo heridas leves. Por esto mismo, se lo considera generalmente como el creador del primer paracaídas.
En el año 875 d.C, a los 65 años, Ibn Firnas se hizo confeccionar unas alas de madera recubiertas de tela de seda que había adornado con plumas de rapaces. Se lanzó desde una torre desplomándose sobre un valle, y aunque el aterrizaje fue malo (se fracturó las dos piernas), el vuelo fue globalmente un éxito: permaneció en el aire una decena de segundos. Fue ampliamente observado por una gran multitud que él mismo había invitado de antemano. Comprendió después su error: tendría que haber añadido una cola a su artefacto. Murió doce años después, en el año 887, a los 77 años de edad. Sus intentos de vuelo por sus propios medios marcaron los espíritus de la época e incluso a los de siglos posteriores.