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El legionario de Alhucemas que se convirtió al Islam por amor y sobrevivió como titiritero ambulante
La Legión española ha dejado personajes variopintos para la historia. Está el enemigo de Unamuno y creador de la mencionada fuerza militar en 1920, José Millán-Astray. Los hay también de cuatro patas, como la cabra Pablo, hijo de Golfa, que llegó a España clandestinamente en la mochila de un legionario desde Kosovo. Madre e hija desfilaron por la Castellana en la Fiesta Nacional en 2009 y 2015. En los años 60, al loro de Smara, los tenientes le enseñaron a gritar eso de "¡Atención! ¡El General! ¡Media vuelta!", y palabrotas del tipo: "Guarro, borracho, cabrón, estoy hasta los huevos y putas nuevas".
La última anécdota se la conoce bien un tipo que estuvo destinado en la Legión en norte de Marruecos. Se llama Roberto Sansano, es de Valencia y su historia no es menos curiosa que las anteriores. Tiene 89 años y cinco tatuajes. Un gato en el pectoral derecho y un perro en el izquierdo; un puñal y una serpiente en el brazo; y una mujer semidesnuda en la pierna. "Recuerdos de una época muy dura. Yo era cabo primero en mi brigada, hacía tatuajes a mis compañeros con una caña y tinta china, paseaba a la cabra que teníamos como mascota y era adicto a la pipa de Kifi", recuerda.
Lo que viene después es aún más interesante. Se casó con una mujer marroquí, se convirtió al islam y se ha ganado la vida como vendedor ambulante de plantas medicinales por los zocos más importantes de Marruecos. "Nos pasábamos todo el año viajando. Comprábamos las plantas a una especie de chamán de Casablanca. Los clientes venían y me decían qué dolor padecían, y yo les daba una hierba u otra", explica Roberto.
También tenía otro oficio, el de titiritero. Los veteranos domadores de serpientes de la plaza Jemaa El-Fna de Marrakech seguro que recuerdan al español de la larga melena y bigote que hacía reír a los visitantes con un gato y una paloma peleándose. Cuando acababa el espectáculo con las marionetas, se subía a una caja de madera y soltaba un monólogo sobre las anécdotas de la Legión.
Hoy, Sansano vive en la ciudad de Alhucemas, en la región del Rif, la de los señores del oro negro (hachís) que llega a España, famosa el último año por las revueltas populares que han sacado a los vecinos a la calle para pedir una serie de mejoras sociales , y a las que las autoridades y la policía del reino han respondido deteniendo a los manifestantes. Ya hay cerca de 500 activistas presos en las cárceles de Alhucemas y Casablanca. "Cuando hay protestas, yo me encierro en mi casa y no salgo. No me quiero meter en esos follones. Pero la gente está saliendo a la calle para pedir lo que creen que es justo, y eso es muy respetable y de admirar", defiende.
Lleva 35 años viviendo en el norte de África. Los marroquíes le llaman Mimum porque es el nombre que escogió cuando cambió la Biblia por el Corán. Parlotea bien el árabe, no come cerdo y hace todos los años el Ramadán.
Peleas de gatos y palomas
También tenía otro oficio, el de titiritero. Los veteranos domadores de serpientes de la plaza Jemaa El-Fna de Marrakech seguro que recuerdan al español de la larga melena y bigote que hacía reír a los visitantes con un gato y una paloma peleándose. Cuando acababa el espectáculo con las marionetas, se subía a una caja de madera y soltaba un monólogo sobre las anécdotas de la Legión.
Hoy, Sansano vive en la ciudad de Alhucemas, en la región del Rif, la de los señores del oro negro (hachís) que llega a España, famosa el último año por las revueltas populares que han sacado a los vecinos a la calle para pedir una serie de mejoras sociales , y a las que las autoridades y la policía del reino han respondido deteniendo a los manifestantes. Ya hay cerca de 500 activistas presos en las cárceles de Alhucemas y Casablanca. "Cuando hay protestas, yo me encierro en mi casa y no salgo. No me quiero meter en esos follones. Pero la gente está saliendo a la calle para pedir lo que creen que es justo, y eso es muy respetable y de admirar", defiende.
Lleva 35 años viviendo en el norte de África. Los marroquíes le llaman Mimum porque es el nombre que escogió cuando cambió la Biblia por el Corán. Parlotea bien el árabe, no come cerdo y hace todos los años el Ramadán.