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Opinión
"EE.UU. viene utilizando a Paraguay como laboratorio de pruebas para extender su dominio"
Por Carlos Aznárez |
Aparte de Cuba, nunca se ha dado en el continente un operativo de acoso constante y brutal como el que sufre la Revolución Bolivariana. A todas las iniciativas intevencionistas y desestabilizantes sucedidas, con más fuerza, después de la muerte (o asesinato) de Hugo Chávez, y que llevó, en varias ocasiones, a poner al país al borde del abismo a nivel económico, en los últimos meses se ha desencadenado una ofensiva diplomática sin límites por parte de la OEA.
Recordando aquellos años en los que Cuba definió a ese organismo como ?un ministerio de colonias de los Estados Unidos?, el secretario general de la OEA, Luis Almagro se puso a la cabeza de un ataque persistente para poner en marcha contra Venezuela un artilugio denominado ?Carta Democrática?, propuesta que sólo se podría aplicar a países que sufren una dictadura. Es precisamente eso lo que Almagro quiere demostrar de mil maneras: que Maduro, elegido democráticamente por el voto popular, es un dictador al que hay que abatir.
Almagro, es sin duda un mandadero de la política norteamericana en el continente. Lo era incluso cuando como canciller uruguayo siempre tuvo un comportamiento falaz y equívoco con países vinculados al ALBA, pero a pesar de ello, el ex presidente José Pepe Mujica lo impuso en el cargo actual y convenció para ello al propio Maduro al que le juró y rejuró que Almagro ?era un leal progresista?.
Ahora, para arrepentirse ya es tarde, y el ?peón del Imperio?, como lo definió la canciller venezolana Delcy Rodríguez, sigue haciendo de las suyas. Tanto es así que el pasado lunes 3 de abril impulsó y logró generar un auténtico golpe de Estado en el organismo regional.
A las órdenes de Almagro, 17 países ?entre los que fueron protagonistas México, Chile, Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil- destituyeron ?manu militari? a Bolivia de la presidencia legítima, lo cambiaron por Honduras y generaron un plenario bochornoso en lo que hace no solo a saltarse la propia legalidad de la OEA sino en cuanto a intentar acorralar a Venezuela para finalmente aplicarle la dichosa Carta injerencista.
Lo que se dijo en esa reunión va a quedar en el index de la cipayería y la miserabilidad por parte de personajes que de por sí no tienen capacidad ni para dirigir un prostíbulo, a pesar de que bien les gustaría hacerlo por sus características de cortesanos y cortesanas del Imperio. Con la canciller de Argentina Susana Malcorra a la cabeza, se alinearon los representantes de Brasil (surgido de un golpe palaciego), Paraguay (cuyos senadores acaban de protagonizar un espectáculo vergonzoso a espaldas del pueblo), México y sus fosas comunes y narcopolítica, Uruguay (eterno camaleón de un progresismo descolorido), el continuismo dictatorial hondureño y la Colombia de Juan Manuel Santos, el ?pacífista? que más masacres ha cometido y a la vez aliado indiscutible de los Estados Unidos. Todos ellos, complotados para construir una matriz de opinión que ponga a Venezuela en situación de asfixia o abdicación.
Sin embargo, a pesar de que resulta difícil estar día a día respondiendo ataques y recibiendo golpes en plena línea de flotación, el pueblo y el gobierno de Venezuela resisten y buscan generar una salida al conflicto interno y externo. El problema fundamental ahora pasa por que se tenga en cuenta más que nunca la capacidad de movilización de las organizaciones populares, que en primera y última instancia son las que han sostenido el proceso revolucionario en todos estos años.
No es generando desde el gobierno expectativas de diálogos que luego se convierten en nada o menos que nada, que se va a poder defender mejor todo lo avanzado, sino dando poder a las comunas, a los colectivos barriales, a los militares patriotas. A todos aquellos y aquellas que no hayan sido tentados por la corrupción y el burocratismo y que estén dispuestos a defender la Revolución.
No es tampoco con veleidades social-demócratas que se podrá soportar el peso de una ofensiva imperial como la que se está desarrollando sino buscando las formas y las iniciativas para profundizar una gestión gubernamental que debe encaminarse hacia lo que marcaba con claridad el Comandante Chávez: socialismo y destrucción del capitalismo. Poder y recursos para el pueblo y recorte de prebendas y aislamiento a quienes lo traicionan. Sin apelar a terceras vías, sin complicidades con quienes se acercan al proceso para desgastarlo desde adentro. Siempre referenciándose en el pueblo pobre y en los procesos emancipatorios que pujan en el continente. Otro camino llevará sin duda, tarde o temprano, a la derrota.