"No nos vamos, nos quedamos", dice un letrero que indica la nueva dirección de una heladería en Pedernales, epicentro del terremoto que devastó la costa de Ecuador hace un mes, y donde los habitantes retoman sus actividades en medio de la remoción de escombros.
En el atrio de la iglesia del balneario de Pedernales, en la provincia de Manabí (oeste), Maritza Baluarte con una silla, una mesa y un espejo improvisó el domingo una peluquería en la que cobra 1,50 dólares por cada corte. "Se me cayó todo en el momento del terremoto, todo se me perdió. Tenía un espejo en la casa y una señora me regaló una mesita para volver a trabajar", cuenta Baluarte, de 36 años.
Ella duerme junto a sus padres en una carpa instalada frente a su casa que quedó destruida tras el potente sismo de 7,8 grados de magnitud que remeció la costa ecuatoriana el 16 de abril. No se ha ido a un albergue por temor a que le roben las pertenencias que quedan entre los escombros. "Qué más queda que sonreír y echarle ganas para seguir adelante. Es duro, pero yo digo que nada es fácil y hay que luchar", sostiene la peluquera con una sonrisa.
Al filo de una calle se instalaron vendedores de pescado, verduras, ropa y carne. Alrededor de ellos hay edificios en ruinas cercados para impedir el ingreso de personas, o maquinaria que remueve grandes pedazos de hormigón. Donde estaba el mercado de mariscos decenas de obreros levantan una nueva estructura para los comerciantes. La intención es que este lugar sea "el símbolo de la reactivación económica de Pedernales", según el ministerio del Interior.