Luego del impacto del huracán Irma, de categoría 5, en septiembre pasado, el Comando Sur de EEUU informó que dirigió un buque anfibio de su Armada para apoyar a "ciudadanos estadounidenses en Dominica", esto en el marco de la misión asistencialista Joint Task Force-Leeward Islands ejecutada por fuerzas militares y en cooperación con los gobiernos holandés y francés. El despliegue militar de EEUU se realizó atendiendo la solicitud de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés) y el material informativo hace un esfuerzo en convencer que su misión es prestar apoyo a la entrega y distribución de suministros de socorro y transportar personal de asistencia humanitaria.
La Usaid, conocida por su labor injerencista en América Latina y el Caribe, ha destinado fondos para coordinar acciones de minimización de riesgos, sin embargo, las operaciones de socorro en casos de desastre poseen todo un despliegue de actividad militar y reacción ante la contingencia, sin un estilo de cooperación que afecte las asimetrías que mantienen a islas como Dominica en niveles fragilidad socioeconómica y climática. Además, el despliegue humanitario llega a destiempo luego de dos semanas del desastre.
Durante el año 2015, en colaboración con la Cruz Roja de Dominica, la Usaid mediante su Oficina de Asistencia para Desastres en el Extranjero (OFDA) proporcionó 65 mil dólares para la adquisición y distribución de kits de limpieza doméstica, cubos, bidones, kits de cocina (potes, sartenes, otros materiales de cocina) y lona impermeable a varias comunidades. El nivel de asistencialismo es tal que donan lonas para evitar que entre la lluvia a las casas antes que reparar las viviendas afectadas.
El perfil de la "ayuda" de la Usaid parece acercarse más a una oportunidad comercial, debido a que la forma en cómo la definen establece una relación de compra previa y de contratación de servicios. Esto levanta suspicacias obvias, ya que luego del terremoto de Haití en 2010 la "ayuda" de la Usaid y de otros entes multilaterales como el FMI o el Banco Mundial, pasaron a formar parte de la gigantesca deuda externa del devastado país caribeño.
Hasta la fecha el gobierno de Donald Trump no ha anunciado una política hacia la región caribeña más allá de políticas globales que inciden en el Caribe y algunas señales respecto a Cuba y Haití. En lo concreto, es evidente que no van más allá de acciones puntuales que reivindican el carácter excluyente de las relaciones internacionales que, incluso en momentos catastróficos, benefician la naturaleza acumuladora de empresas transnacionales.
Estos casos de asistencia estadounidense ante los desastres naturales suelen usarse como carta de extorsión ante los "favores recibidos", como bien lo ejemplificó Marco Rubio este año con sus amenazas a los países caribeños en caso de que apoyaran a Venezuela ante la OEA.
Fuente: Misión Verdad