Tras meses de contestación en las calles, la ley del trabajo francesa fue adoptada de manera definitiva en julio, sin votación en el Parlamento. Como respuesta, varias protestas estallaron este jueves en París contra la nueva reforma.
La reforma pretende otorgar más flexibilidad a las empresas para contratar y despedir a los trabajadores, en un intento para reducir el desempleo que ronda el 10 por ciento y que afecta principalmente a los jóvenes (24 por ciento).
Ahora que la ley fue aprobada, los sindicatos advirtieron que tras esta nueva demostración en las calles el pulso continuará en el terreno jurídico y dentro de las empresas.
Los sindicatos tienen que ?desplegarse en las empresas y luchar para que la ley no entre?, declaró Philippe Martínez, secretario general de principal sindicato francés, la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT).
El segundo sindicato del país, la CFDT, que apoyó el texto ya que estima que otorga nuevos derechos a los trabajadores, pidió al gobierno que publique ?rápidamente? los decretos de aplicación.
En la Ciudad de Belfort (este), el desfile se transformó en manifestación de los asalariados del grupo ferroviario Alstom, que quieren salvar su fábrica, donde se construye el Tren de Alta velocidad (TGV).
La dirección desea trasladar la producción a otros lugares, pero el gobierno del impopular Francois Hollande, preocupado por no parecer inactivo frente a la desindustrialización francesa, incrementa sus contactos para que haya pedidos para Alstom.