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Desesperado, Netanyahu ataca, invade y saquea para malograr el acuerdo entre EEUU e Irán

El verdadero objetivo de Netanyahu es lograr la "victoria absoluta", lo que significa que nunca aceptará nada menos que el desarme de Hamas, la Yihad Islámica y Hizbullah, y la destitución completa del actual régimen en Irán, antes de emprender cualquier acuerdo político.
Annur TV · Lunes 1 de junio de 2026 10:12
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Desesperado, Netanyahu ataca, invade y saquea para malograr el acuerdo entre EEUU e Irán

Sostienen algunos observadores del curso de las negociaciones estadounidense-iraníes
—encaminadas a sepultar la guerra que inflama la región de Medio Oriente desde hace casi dos años y medio— que Netanyahu claudicará a la postre ante los hechos consumados y, por ende, aceptará coexistir con cualesquiera que fueren los resultados de dichos compromisos. Estimo, sin embargo, que semejante convicción no constituye sino un magno espejismo, frente al cual conviene extremar la cautela y prevenirse ante sus eventuales repercusiones.

Lo más plausible, a mi juicio, es que Netanyahu pretenda en primera instancia disuadir a Trump de rubricar el memorando de entendimiento que los medios de comunicación certificaron como prácticamente ultimado; y que, de fracasar en dicho empeño, no vacile en emplear cuantos medios se encuentren a su alcance para sabotear toda negociación ulterior que persiga dar aplicación efectiva a lo estipulado en dicho documento.

Acaso convenga recordar aquí que el verdadero propósito de Netanyahu estriba en la consecución de la "victoria absoluta", lo que colige que jamás transigirá con menos que el desarme de Hamas, la Yihad Islámica y Hizbullah, así como la extirpación definitiva del régimen vigente en Irán, antes de emprender cualquier avenencia política.

Si bien comprende perfectamente la imposibilidad de alcanzar por la vía diplomática lo que no logró dirimir mediante las armas, juzga al propio tiempo que la contienda no concluyó, y que aquello que la fuerza militar no materializó puede obtenerse mediante un recrudecimiento del poderío bélico.

Dado que arrastró con éxito a Trump en el pasado a participar en dos conflagraciones previas contra Irán, presupone que conserva la capacidad de concitar su concurso una vez más en una tercera guerra decisiva, la cual, según sus previsiones, culminará indefectiblemente con el derrocamiento del actual régimen iraní.

Resulta evidente que Trump no evalúa el panorama de igual modo. Juzga que las dos guerras precedentes debilitaron al régimen gobernante en Irán, pese a que no lograron derribarlo.

No obstante, comenzó a percibir que afronta severas presiones internas, motivadas por la convicción de la mayoría de los estadounidenses de que la guerra contra Irán careció de necesidad y sirvió a los intereses personales de Netanyahu más que a los intereses nacionales de Washington, o incluso a los propios objetivos nacionales israelíes.

A ello se suman presiones externas aún más acuciantes, derivadas de los trastornos que el bloqueo del estrecho de Ormuz provocó en las cadenas de suministro y del profundo desajuste que generó en el conjunto de la economía global.

Estas coacciones lo compelen a orientar su atención hacia la búsqueda de soluciones de compromiso, en lugar de reanudar las hostilidades contra Irán —como pretende Netanyahu—, máxime cuando los resultados de un retorno a los combates no ofrecen garantía alguna e incluso podrían desembocar en una catástrofe de proporciones colosales, no solo para los Estados del Golfo Árabe —aliados en su mayoría de Washington—, sino para el orden económico mundial en su conjunto.

En semejante coyuntura, resulta natural que Trump se muestre cada vez más predispuesto a secundar los esfuerzos del mediador paquistaní, respaldado por el mundo árabe e islámico; lo que explica el anuncio de que ambas partes, la estadounidense y la iraní, concertaron un borrador casi definitivo de un memorando de entendimiento cuya firma podría producirse en breve.

El portal informativo estadounidense Axios desveló el pasado sábado que los ejes rectores de este borrador pivotan sobre tres directrices esenciales:

Primer eje: el cese de las hostilidades en la región

Se acordó prorrogar por un período de sesenta días, prorrogables, el alto al fuego actualmente en vigor, de modo que abarque todos los frentes de combate —en particular el frente libanés—, con el compromiso de proclamar el fin definitivo de la guerra tan pronto como ambas partes consensúen los pormenores de los contenciosos pendientes o aplazados.

Segundo eje: los asuntos a resolver durante el período de alto al fuego

1.- El inicio del desminado del estrecho de Ormuz, cuya reapertura total a la navegación internacional se convino, garantizándose la libertad y seguridad del tránsito de buques y petroleros sin la exacción de tasas de paso.

2.- El levantamiento del bloqueo marítimo y económico impuesto sobre los puertos iraníes.

3.- La habilitación para que Irán acceda a una fracción —por determinar— de sus fondos retenidos en el exterior, así como la autorización para reintegrarse en el mercado energético y expender su crudo con absoluta libertad y sin cortapisas.

4.- La apertura de negociaciones bilaterales destinadas a examinar las vías y mecanismos para la supresión gradual de las sanciones económicas y la liberación del remanente de los capitales iraníes congelados en la banca internacional.

Tercer eje: el programa nuclear iraní

Se convino aplazar el debate pormenorizado sobre sus detalles a una etapa posterior, bastando en la fase actual con la declaración formal de Irán de su estricto compromiso de no dotarse de armas nucleares y de no conservar en su territorio cantidad alguna de uranio enriquecido al sesenta por ciento.

Los contactos con Netanyahu no cesaron desde que Trump resolvió congelar la operación "Martillo de Medianoche" e iniciar negociaciones indirectas con Irán. En una llamada entre ambos mandatarios que se prolongó más de una hora y que los medios calificaron de "tensa", Axios señaló que Netanyahu ejerció una presión formidable sobre Trump para impelerlo a reanudar la acción militar integral e inmediata, y manifestó una honda frustración ante ese súbito repliegue estadounidense, al que consideró un error estratégico flagrante que precisaba enmienda.

Cuando el contenido del memorando trascendió a la prensa, Netanyahu desveló los pormenores de una llamada que mantuvo con Trump el 23 de mayo de 2026, y declaró: "Conversé con el presidente Trump respecto al memorando de entendimiento para la reapertura del estrecho de Ormuz y las futuras negociaciones orientadas a alcanzar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní, y él ratificó que ambos coincidieron en que todo acuerdo final deberá conducir a la extirpación del peligro nuclear, lo que incluye el desmantelamiento de las instalaciones de enriquecimiento de uranio y la retirada de los materiales nucleares enriquecidos del suelo iraní".

En paralelo a estas comunicaciones, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que informó de que el presidente Trump mantuvo, el 24 de mayo de 2026, una llamada multilateral con Mohamed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudita; Mohamed bin Zayed, presidente de los Emiratos Árabes Unidos; Tamim bin Hamad Al Thani, emir de Qatar; el general Asim Munir, jefe del Estado Mayor del Ejército paquistaní; Recep Tayyip Erdoğan, presidente de la República de Turquía; Abdel-Fatah El Sisi, presidente de la República Árabe de Egipto; Abdalá II, rey de Jordania; y Hamad bin Khalifa, rey de Bahréin.

Mientras ciertos informes periodísticos apuntaron a que la totalidad de estos líderes alentó a Trump a suscribir el memorando sin dilación —lo que sugiere que el asunto de la consulta versó sobre el tenor de dicho documento—, otras textos indicaron que Trump aprovechó la llamada para instar a aquellas naciones que aún no rubricaron los "Acuerdos de Abraham" a que lo hicieran de inmediato.

Esto último denota el vivo interés de Trump por ensanchar el alcance de dichos pactos y establece un vínculo entre la firma estadounidense del memorando con Irán y la aceptación, por parte de los países árabes e islámicos, de la normalización de vínculos con "Israel".

No parece en absoluto descartable que las presiones ejercidas por Netanyahu motivaran el repliegue de Trump respecto a lo acordado, lo que explicaría sus declaraciones posteriores, en las que manifestó que impartió instrucciones de no precipitarse en la firma de un memorando cuya redacción definitiva aún no estaba cerrada.

Pues a pesar de todo cuanto Trump otorgó a Netanyahu, y de cuanto aún se muestra dispuesto a concederle, el apetito de este último permanece insaciable, ávido de engullir cuanto esté a su alcance, aunque su estómago sea incapaz de digerirlo.

Por consiguiente, no cabe esperar que se preste voluntariamente a aliviar el atolladero de Trump, máxime cuando percibe que su propio dilema resulta más acuciante que el del propio mandatario norteamericano, al hallarse igualmente expuesto a perder las elecciones legislativas que se celebrarán en Israel a mediados del próximo septiembre.

Netanyahu alberga la firme convicción de que el memorando de entendimiento propuesto —de confirmarse la veracidad de las filtraciones periodísticas sobre su contenido— redundará en beneficio del régimen iraní, ante todo y sobre todo, por diversas razones, entre las que destacan:

  • El memorando proporcionará al régimen iraní, de forma inmediata, una ingente cantidad de capitales, bien sea por los réditos de la venta libre de crudo en el mercado global, bien por la liberación de sus activos financieros congelados en la banca internacional.

Estos fondos se destinarán sin tardanza a reparar los daños sufridos por su programa de misiles y a tender de nuevo una mano auxiliadora a sus aliados en la región.

  • Los asuntos vinculados al programa balístico iraní y a su influencia regional quedaron excluidos de la agenda de las negociaciones estadounidense-iraníes, tanto en el presente como en el horizonte previsible; siendo precisamente esos los vectores que Netanyahu considera más peligrosos para la seguridad de "Israel".
  • Los pormenores concernientes al programa nuclear iraní no se debatirán sino en una etapa ulterior, cuando el poder del régimen iraní se haya robustecido, lo que propiciará una postura más intransigente y, muy probablemente, la insistencia en conservar el mayor número posible de centrifugadoras de enriquecimiento de uranio, incluso bajo el compromiso de mantener un porcentaje de enriquecimiento reducido.

Por todos estos motivos, es de suponer que Netanyahu pretenda en una primera fase —como ya quedó apuntado— obstaculizar la firma del memorando por parte de Estados Unidos en sus términos actuales.

De fracasar en ese empeño, buscará en una segunda etapa arruinar cualquier negociación orientada a dar ejecución a sus cláusulas, y lo más probable es que recurra para ello a la escalada militar en Líbano, por un lado, y a la provocación de una guerra civil en ese territorio, por el otro.

¿Logrará Netanyahu consumar este funesto designio? Los días y las semanas venideros dictarán la respuesta a esta interrogante.
 

Fuente: Al Mayadeen