Del “cambio de régimen” al memorando: Cómo Irán obligó a EE.UU. a negociar de igual a igual
Irán y Estados Unidos han llegado a un punto que no es la paz, pero sí representa lo más cercano a ella desde el inicio de la guerra. Aunque algunos sostendrán que la diplomacia terminó imponiéndose, el balance de más de tres meses de confrontación muestra otra realidad. Las pérdidas económicas del Pentágono, el impacto sobre los mercados energéticos a nivel mundial, y sobre todo, la capacidad de resistencia de Irán terminaron obligando al gobierno de Donald Trump a buscar un punto de cierre para no seguir dilatando en el tiempo lo que muchos expertos consideran su mayor error en política exterior.
El memorando firmado entre ambas partes establece catorce puntos para avanzar en los temas más sensibles y fija un plazo de sesenta días para intentar alcanzar un acuerdo definitivo. Lo más importante: los ataques han cesado. Lo más peligroso: nadie puede asegurar todavía que la tregua sobreviva.
¿Cuáles eran los objetivos reales de Estados Unidos al iniciar la guerra? ¿Qué resultados concretos obtuvieron Washington y Teherán? ¿Qué diferencia a este conflicto de otras intervenciones estadounidenses en Medio Oriente? Y, sobre todo, ¿podrá el Memorando de Islamabad convertirse en una paz duradera?
En este reportaje nos acercamos a esas respuestas.
Los objetivos iniciales vs. lo que logró Estados Unidos
Las declaraciones oficiales del presidente estadounidense, apenas unos días después de haber comenzado junto a "Israel" su agresión contra Irán, dejaban claro que Washington buscaba aniquilar las defensas del país, bajo el pretexto de impedir que Teherán desarrollara un arma nuclear.
Además, Trump expresó abiertamente su intención de impedir que Irán financiara o apoyara a movimientos como Hizbullah y Hamas, un regalo para su aliado histórico en Medio Oriente que necesita borrar todo atisbo de resistencia para continuar arrasando Palestina y Líbano de manera impune.
Sin embargo, aunque no fue presentado públicamente como uno de los objetivos de la guerra, Trump aspiraba a lograr un cambio de régimen. Envalentonado con el previo secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, sin resistencia por parte del ejército venezolano, el mandatario estadounidense aplicó una fórmula más mortal contra Irán, al autorizar un bombardeo contra la residencia del líder supremo Ali Khamenei que causó su muerte. Un magnicidio, que todavía Naciones Unidas no se ha atrevido a cuestionar.
Poco tiempo después, con el apoyo de "Israel", asesinaron a otros altos cargos de Teherán, con el propósito de quebrar el liderazgo del país para acceder a sus verdaderos intereses: los recursos energéticos.
"En algún momento en un futuro no muy lejano, tomaremos la isla de Jark y otros puntos de infraestructura petrolera, y asumiremos el control total de sus mercados de petróleo y gas, muy parecido a lo que hemos hecho con Venezuela”, expresó Trump el 11 de junio.
Seis días después, el presidente de Estados Unidos estampaba su firma en un memorando de entendimiento, donde ambos países se comprometían a respetar la soberanía e integridad territorial del otro.
Entonces, ¿cómo termina la guerra para Estados Unidos? Ciertamente no podemos ser tan optimistas de creer que el conflicto ha concluido cuando las tensiones siguen en primer plano. Sin embargo, al analizar la letra en blanco y negro del memorando, Estados Unidos, lejos de alcanzar sus objetivos iniciales, ha tenido que ceder en sus presiones.
De tal forma que la Casa Blanca ahora deberá pagar los daños por los bombardeos que ocasionó en la nación persa, ya que según el documento, “Estados Unidos se compromete con los socios regionales a desarrollar un plan definitivo y mutuamente acordado con al menos USD 300 mil millones para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán”.
Además, después de varios años aplicando sanciones económicas para castigar a Irán y aislarla a nivel internacional, ahora Estados Unidos pondrá fin a todo tipo de sanciones y desbloqueará los activos congelados de Teherán.
“No es nuestro dinero, es su dinero, y lo congelamos en un momento determinado”, afirmó Trump sobre los activos iraníes congelados. “Creo que vamos a tener que devolverlo”.
Sobre el tema nuclear, el aparente punto central de la confrontación, el memorando expresa que: “La República Islámica de Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares”.
Esto no es una concesión hacia Estados Unidos. Teherán ha sostenido durante años que su programa nuclear tiene fines exclusivamente pacíficos. Estados Unidos, sin embargo, ha cuestionado reiteradamente esa posición y la convirtió en uno de los principales argumentos para justificar la presión sobre Irán y posteriormente la guerra.
Irán rompió el molde de las guerras de EE.UU en Medio Oriente
Durante las últimas décadas, Estados Unidos intervino militarmente en varios países de Medio Oriente con resultados que transformaron profundamente la región. Afganistán en 2001, Irak en 2003, Libia en 2011, y la implicación estadounidense en la guerra de Siria también a partir del mismo año, compartieron una característica común: el objetivo de modificar el equilibrio político interno de esos países.
En Irak, la invasión terminó con la caída de Saddam Hussein y la desintegración de gran parte de las estructuras estatales existentes. En Libia, la intervención de la OTAN contribuyó al derrocamiento de Muamar Gadafi, pero abrió un largo período de fragmentación política y conflicto interno.
En Afganistán, Estados Unidos expulsó al gobierno talibán, permaneció dos décadas en el país y finalmente se retiró sin haber construido un nuevo orden político estable. En Siria, el apoyo occidental a grupos terroristas se convirtió en uno de los múltiples factores que alimentaron una guerra prolongada.
Las consecuencias de estas intervenciones fueron diferentes en cada caso, pero varios analistas coinciden en señalar que compartieron patrones similares: debilitamiento institucional, conflictos extensos, desplazamientos masivos de población y una creciente fragmentación regional.
Philip Gordon, investigador de Brookings Institution, señala que los conflictos orientados al cambio de régimen en Medio Oriente han tendido a generar consecuencias no previstas, incluyendo inestabilidad regional y el fortalecimiento de actores que originalmente se buscaba contener.
La guerra entre Estados Unidos e Irán presenta una diferencia fundamental. Por primera vez en décadas, Washington inició una confrontación militar de gran escala contra un adversario regional sin lograr ni la caída del gobierno ni una transformación del sistema político existente. El conflicto concluyó mediante una negociación entre las mismas autoridades iraníes que Estados Unidos había intentado destruir.
A diferencia de Irak o Libia, el Estado iraní sobrevivió. A diferencia de Afganistán, no hubo ocupación militar estadounidense. A diferencia de Siria, no se produjo una guerra que alterara la estructura interna del país. Por el contrario, el acuerdo alcanzado en el Memorando de Islamabad, reconoce a Irán como interlocutor indispensable.
¿Cómo llega Irán al memorando?
Contra todo pronóstico de la administración estadounidense, Irán llegó a la mesa de negociación sin haber sido derrotado.
Un análisis publicado por Reuters tras el anuncio del pacto destacó que Teherán emerge de la guerra “políticamente fortalecido” y que el equilibrio de poder regional permanece “ampliamente inalterado”.
Para Teherán, esa realidad ya constituye una victoria estratégica. Especialmente porque durante años sectores de Washington e "Israel" sostuvieron que la presión económica y militar acabaría debilitando al sistema político iraní hasta provocar cambios internos profundos. Nada de eso ocurrió.
El memorando recoge un compendio de resultados positivos para Irán. En primer lugar el fin de la guerra, en segundo el desbloqueo de los puertos iraníes, al igual que el reconocimiento de la futura administración de Irán sobre el estrecho de Ormuz en coordinación con el Sultanato de Omán y otros Estados ribereños del Golfo Pérsico, de conformidad con el derecho internacional.
A ello se suma el futuro levantamiento de las sanciones y la devolución de los activos congelados, mencionados anteriormente. Pero quizás el logro más importante radica en que Irán obligó a su adversario a retomar los mismos temas que formaban parte de la agenda de negociaciones en febrero pasado, cuando Estados Unidos boicoteó la diplomacia, oyendo los “consejos” de "Israel".
Ahora después de que el conflicto le ha costado al Departamento de Defensa de Estados Unidos unos 40 mil millones de dólares[1], la Casa Blanca acepta negociar con Irán temas medulares como el programa nuclear y el levantamiento de las sanciones que podían haberse abordado, sin una guerra de por medio y sus consiguientes pérdidas humanas y materiales.
Un análisis de The Washington Post demuestra que Estados Unidos subestimó por completo las capacidades de la nación persa. “Los ataques aéreos iraníes han dañado o destruido al menos 228 estructuras o piezas de equipo en sitios militares estadounidenses en todo el Medio Oriente desde que comenzó la guerra, golpeando hangares, cuarteles, depósitos de combustible, aviones y equipos clave de radar, comunicaciones y defensa aérea. La cantidad de destrucción es mucho mayor que la que ha sido reconocida públicamente por el gobierno de los Estados Unidos o reportada previamente”[2].
Irán llegó a este memorando con la cabeza erguida por haber mantenido su resistencia, pero las pérdidas no han sido pocas. Fuentes oficiales del país refieren que número de víctimas mortales ronda los 3 mil 400. Unido a esto, un alto número de hospitales, escuelas, instituciones científicas y zonas residenciales han sido devastadas.
Los daños a la infraestructura militar de Irán aunque no se han sido menores, no impidieron que los misiles y drones de Teherán siguieran impactando con fuerza las bases militares de Estados Unidos en la región y llegaran al propio "Israel".
Líbano: una pieza crucial en las negociaciones
Sin duda alguna, uno de los éxitos del memorando para Irán ha sido el cese de la agresión en todos los frentes incluido Líbano. Una victoria que al mismo tiempo se convierte en un talón de Aquiles ya que incluye el compromiso de un tercer país, "Israel", quien ha mostrado oposición total a un acuerdo de paz que rompa sus planes de agresión contra la nación de los cedros.
El ministro de Guerra israelí, Israel Katz, declaró el 23 de junio que las fuerzas israelíes no se retirarán del sur del Líbano, “incluso si Estados Unidos lo exige”. Pero está por ver si tanta fanfarronería se materializa pues el propio vicepresidente estadunidense JD Vance advirtió a los miembros del gabinete de Netanyahu, que deberían recordar el apoyo histórico de Estados Unidos antes de cuestionar al presidente Trump por firmar el memorando que incluye a Líbano.
“Si estuviera en el gabinete del gobierno israelí, podría no estar atacando al único aliado poderoso que me queda en todo el mundo”, destacó JD Vance.
Lo cierto es que Irán enfatizó que responsabilizará a Washington por cualquier violación del acuerdo que pueda cometer "Israel". Y no bastará con un performance mediático de enfrentamientos y críticas entre Trump y Netanyahu. Estados Unidos tiene a su alcance las herramientas para frenar a Tel Aviv cortando el financiamiento y el envío de armas que alimentan sus guerras. Si no logra controlar a su aliado, se enfrenta a echar por tierra las actuales negociaciones con Irán.
El resultado está por ver
Los próximos sesenta días determinarán si Irán y Estados Unidos son capaces de resolver sus principales discrepancias mediante la diplomacia. Existe voluntad política por parte de Teherán, pero también una profunda desconfianza alimentada por décadas de confrontación y los anteriores compromisos incumplidos.
El memorando constituye un compromiso internacional para poner punto final a la agresión impuesta de Estados Unidos e "Israel" contra Irán y frenar de manera definitoria la invasión del régimen de Tel Aviv contra Líbano. Es la voz de un país exigiendo la paz, no solo para su propio territorio sino para sus aliados y la región.
Su alcance trasciende las relaciones entre Washington y Teherán e incluye cuestiones tan sensibles como la estabilidad del Golfo Pérsico y la relación de Estados Unidos con "Israel".
Si el acuerdo logra sobrevivir a las presiones políticas, militares y diplomáticas de los próximos dos meses, no solo habrá puesto fin a dos guerras. También podría marcar un precedente en la historia reciente de la región: el momento en que una confrontación iniciada para doblegar a un adversario terminó obligando a reconocerlo como interlocutor.
Esa será, quizás, la verdadera medida histórica del Memorando de Islamabad. Como expresó el presidente del Parlamento iraní y jefe de la delegación negociadora, Mohammad Bagher Ghalibaf, quedó demostrado que "el diálogo solo puede tener éxito cuando la otra parte renuncia a imponer su voluntad a una nación civilizada y acepta nuestros derechos".
Referencias bibliográficas
[1]https://cnnespanol.cnn.com/2026/06/21/eeuu/costo-guerra-iran-economia-trump-trax
[2]https://www.washingtonpost.com/investigations/2026/05/06/iran-us-bases-satellite-images/
Fuente: Al Mayadeen