Abdul Halim al-Attar, un refugiado de Siria que fue fotografiado en el mes de agosto vendiendo bolígrafos, es hoy un empresario gracias a una campaña de una campaña en línea promovida que recaudó 191 mil euros.
El hombre de 33 años de edad, padre de dos hijos, abrió una panadería hace dos meses, una tienda de kebab y un pequeño restaurante. Abdul emplea a 16 refugiados sirios.
Cuatro meses después, en un reportaje divulgado esta semana por Associated Press. cuenta cómo una foto le cambió la vida.
La fotografía de al-Attar con su hija dormida al hombro mientras trataba de vender bolígrafos, se difundió el pasado mes de agosto y tocó la sensibilidad de decenas de personas en todo el mundo.
Uno de los que se conmovió por su difícil situación fue un periodista y desarrollador web en línea en Noruega, Gissur Simonarson, que creó una cuenta en Twitter bajo el nombre de @buy_pens y una campaña de Indiegogo para recaudar $ 5.000 para al-Attar y su familia. Cuando la campaña se cerró, había recaudado casi cuarenta veces más: $ 188.685. A esto se añade otra cifra de $ 2,324 en donaciones.
Sobre lo que hoy experimenta, Al- Attar dijo: "No solo mi vida cambió, sino también la vida de mis hijos y la vida de personas en Siria a quien ayudé", dijo. Al-Attar entregó cerca de $ 25.000 a los amigos y parientes en Siria. También construyó rápidamente una vida mejor para él y su familia en Beirut. Contó que está separado de su esposa.
Además de las empresas, Al-Attar se trasladó con sus hijos de un dormitorio que todos compartían a un apartamento de dos alcobas. Su hija Reem, de 4 años de edad, que estaba sobre el hombro de su padre en la foto viral, muestra con orgullo sus nuevos juguetes, un utensilio plástico de cocina, un columpio y un oso de peluche que parece ser su favorito. Su hermano, de 9 años de edad, Abdullelah está de regreso en la escuela después de tres años de ausencia.
Para Al-Attar, es un largo camino de Yarmouk, el campo de refugiados palestinos en el extremo sur de Damasco, donde estuvo empleado en una fábrica de chocolate. Hoy, el campamento está devastado por los combates.
Hasta el momento, el hombre solo ha recibido el 40 por ciento de los aproximadamente $168.000 euros. Las empresas Indiegogo y Paypal sacaron alrededor de $ 20.000 en honorarios del proceso de traslado de los fondos. PayPal no opera en el Líbano, por lo que por el momento el dinero se lo trae poco a poco un amigo que puede hacer retiros en Dubai.
"Al ver que él abrió un restaurante y sus hijos están bien cuidados, estoy muy feliz", dijo Simonarson en una entrevista telefónica desde Oslo. Pero también dijo que estaba descorazonado "después de ver lo difícil que ha sido el desembolso y las complicaciones de los refugiados por no poder abrir una cuenta bancaria en el Líbano. Creo que será mi última recaudación de fondos", indicó el periodista.
A pesar de su frustración y la incertidumbre acerca de cuándo va a recibir el resto de su dinero, al-Attar se siente agradecido. "Tuve que invertir el dinero, de lo contrario se perderá", dijo, embolsado un sándwich de pollo asado.
Él lucía una camisa en la que se leía: "Mantenga una actitud positiva", y una gran sonrisa.
Él y sus 16 empleados tienen la suerte de tener trabajo en el Líbano. Hay alrededor de 1,2 millones de refugiados sirios registrados en el país, la mayoría de ellos luchando por encontrar trabajo. Solo un tercio de todos los refugiados sirios en el Líbano tienen alguna forma de empleo, según un informe de 2014 por la Organización Internacional del Trabajo.
Al-Attar también se está acostumbrando a su nuevo estatus. Una vez fue un vendedor ambulante en el anonimato y ahora se siente como un miembro de su comunidad. Sirios y libaneses por igual son más amable con él.
"Solo me saludan mejor ahora cuando me ven. Ellos me respetan más", dijo con una sonrisa.
La fotografía de al-Attar con su hija dormida al hombro mientras trataba de vender bolígrafos, se difundió el pasado mes de agosto y tocó la sensibilidad de decenas de personas en todo el mundo.
Uno de los que se conmovió por su difícil situación fue un periodista y desarrollador web en línea en Noruega, Gissur Simonarson, que creó una cuenta en Twitter bajo el nombre de @buy_pens y una campaña de Indiegogo para recaudar $ 5.000 para al-Attar y su familia. Cuando la campaña se cerró, había recaudado casi cuarenta veces más: $ 188.685. A esto se añade otra cifra de $ 2,324 en donaciones.
Sobre lo que hoy experimenta, Al- Attar dijo: "No solo mi vida cambió, sino también la vida de mis hijos y la vida de personas en Siria a quien ayudé", dijo. Al-Attar entregó cerca de $ 25.000 a los amigos y parientes en Siria. También construyó rápidamente una vida mejor para él y su familia en Beirut. Contó que está separado de su esposa.
Además de las empresas, Al-Attar se trasladó con sus hijos de un dormitorio que todos compartían a un apartamento de dos alcobas. Su hija Reem, de 4 años de edad, que estaba sobre el hombro de su padre en la foto viral, muestra con orgullo sus nuevos juguetes, un utensilio plástico de cocina, un columpio y un oso de peluche que parece ser su favorito. Su hermano, de 9 años de edad, Abdullelah está de regreso en la escuela después de tres años de ausencia.
Para Al-Attar, es un largo camino de Yarmouk, el campo de refugiados palestinos en el extremo sur de Damasco, donde estuvo empleado en una fábrica de chocolate. Hoy, el campamento está devastado por los combates.
Hasta el momento, el hombre solo ha recibido el 40 por ciento de los aproximadamente $168.000 euros. Las empresas Indiegogo y Paypal sacaron alrededor de $ 20.000 en honorarios del proceso de traslado de los fondos. PayPal no opera en el Líbano, por lo que por el momento el dinero se lo trae poco a poco un amigo que puede hacer retiros en Dubai.
"Al ver que él abrió un restaurante y sus hijos están bien cuidados, estoy muy feliz", dijo Simonarson en una entrevista telefónica desde Oslo. Pero también dijo que estaba descorazonado "después de ver lo difícil que ha sido el desembolso y las complicaciones de los refugiados por no poder abrir una cuenta bancaria en el Líbano. Creo que será mi última recaudación de fondos", indicó el periodista.
A pesar de su frustración y la incertidumbre acerca de cuándo va a recibir el resto de su dinero, al-Attar se siente agradecido. "Tuve que invertir el dinero, de lo contrario se perderá", dijo, embolsado un sándwich de pollo asado.
Él lucía una camisa en la que se leía: "Mantenga una actitud positiva", y una gran sonrisa.
Él y sus 16 empleados tienen la suerte de tener trabajo en el Líbano. Hay alrededor de 1,2 millones de refugiados sirios registrados en el país, la mayoría de ellos luchando por encontrar trabajo. Solo un tercio de todos los refugiados sirios en el Líbano tienen alguna forma de empleo, según un informe de 2014 por la Organización Internacional del Trabajo.
Al-Attar también se está acostumbrando a su nuevo estatus. Una vez fue un vendedor ambulante en el anonimato y ahora se siente como un miembro de su comunidad. Sirios y libaneses por igual son más amable con él.
"Solo me saludan mejor ahora cuando me ven. Ellos me respetan más", dijo con una sonrisa.