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17 de julio de 1936: Sublevación militar fracasada y comienzo de de la Guerra Civil Española
La rebelión militar de Melilla fue el primer movimiento del golpe de Estado en España de julio de 1936, que significó el inicio de la Guerra Civil Española.
Como ya había previsto el General Mola en su planes golpistas, en Melilla empezaría la rebelión militar contra la II República Española pero empezaría el día 18, no el 17 como ocurrió. Un registro policial en el centro de la conspiración provocó que los golpistas adelantaran el golpe, y aunque éste hecho no perturbó sus planes, a la larga este adelantamiento si afectaría a otras partes de la conspiración. Antes de terminar el día 17, los militares alzados se habían hecho con el control de toda la ciudad y sus alrededores, dando el pistoletazo de salida a la rebelión del Marruecos español.
La del Protectorado marroquí era la mayor guarnición española de todo el ejército, consecuencia de lo conflictivo de la zona (y, especialmente, tras la sangrienta Guerra del Rif). Por tanto, en los planes conspirativos del General Mola contra el gobierno del Frente Popular, la guarnición africana era uno de los elementos claves. La sublevación militar que daría lugar a la Guerra Civil Española empezaría en Melilla. Aunque en Melilla gobernaba el Frente Popular, las posibilidades del gobierno de Madrid frente a una intentona golpista eran mínimas, dado que la mayoría de los oficiales de la guarnición estaban comprometidos con la conspiración militar, a excepción del comandante en Jefe de la Circunscripción Oriental, el General de brigada Manuel Romerales Quintero, y unos pocos militares fieles al gobierno. En el resto de Marruecos, el comandante en jefe del Ejército de África, Agustín Gómez Morato, o el Alto Comisario de Marruecos, Arturo Álvarez-Buylla Godino, eran fieles al gobierno.? Por otro lado, trabajadores españoles en Marruecos no disponían de armas para defenderse en caso de que estallara una rebelión militar.
La conspiración en Melilla
La noche del 16 al 17 de julio el general Romerales se dio una vuelta por la ciudad, en busca de actividades sospechosas. Durante una parada en la Casa del pueblo conversó con los dirigentes socialistas. En tono humorístico, comentó: las masas se mantienen en vela. Regresó a la comandancia militar, convencido de que todo marchaba bien. Romerales desconocía la conspiración que desde hacía tiempo venían organizando algunos oficiales de la guarnición.
A la mañana siguiente los conspiradores celebraron una reunión en la sala de la comisión cartográfica de la guarnición para ultimar los planes. Durante el encuentro el Coronel Juan Seguí, jefe local de falange y también líder de la sublevación en el Marruecos oriental, comunicó a los conspiradores el momento en que comenzaría la sublevación: 5 de la mañana del 18 de julio. En el último momento uno de los dirigentes locales de Falange, Álvaro González, informó sobre los planes de la conspiración al dirigente local del partido Unión Republicana (UR), quién se lo confió al presidente de la Casa del Pueblo, y este a su vez dio parte al comandante militar de Melilla, general Romerales.3? Por la tarde, los oficiales golpistas volvieron a la sala de cartografía y procedieron a repartir las armas que habían guardado allí clandestinamente. Fue entonces cuando llegó a las inmediaciones el teniente Zaro, que procedió a rodear el edificio con soldados y guardias de asalto.? Los conspiradores se vieron sorprendidos por esta acción. Uno de aquellos oficiales era el Coronel Darío Gazapo, también miembro de Falange. Tras la sorpresa inicial, éste fue a entrevistarse con Zaro:
Darío Gazapo: ¿Qué le trae por aquí, teniente?
Zaro: Tengo que registrar el edificio en busca de armas.
Gazapo dijo que se necesitaba una orden del general de la Circunscripción y telefoneó a Romerales:
Darío Gazapo: ¿Es cierto, mi general, que ha dado usted órdenes de que se registre el departamento cartográfico?
Romerales: Sí, sí, Gazapo, hay que hacerlo.
Tras la conversación, Gazapo inmediatamente llamó por teléfono para que una unidad de la Legión extranjera acudiera a auxiliarle. Cuando los legionarios llegaron al lugar, Zaro y sus hombres se vieron superados numéricamente, y se rindieron. A continuación otro de los conspiradores, el coronel Seguí, se dirigió al despacho de Romerales y entró allí pistola en mano.