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1° de febrero de 1979: Imam Jomeini regresa a Irán

Annur TV · Martes 31 de enero de 2017 15:11
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1° de febrero de 1979: Imam Jomeini regresa a Irán
Comenzaba entonces el primero de los doce días que verían la caída de la monarquía. El 1 de febrero de 1979, Jomeini hizo una entrada triunfal en Teherán, donde lo recibieron más de cuatro millones de personas. Sobrevinieron violentos incidentes entre el 9 y el 12 de febrero, declarando el fin de la monarquía y el derrumbamiento de las últimas fuerzas que la sostenían. El 5 de febrero, Jomeini nombró a Bazargan primer ministro islámico, en oposición al primer ministro imperial Shapur Bajtiar. Demócrata y reformista, Bazargan tranquilizó a Occidente, pero inquietaba a los radicales iraníes. El 8 de febrero, el pueblo salió a la calle respondiendo al llamado del imam al grito de «¡Muera Bajtiar!». Los manifestantes vestían una cinta blanca en la cabeza para significar que estaban prontos a morir como mártires. En la víspera del 10 de febrero, hallados culpables de mirar por televisión la película sobre el regreso de Jomeini, los homafars (técnicos de la fuerza aérea) fueron «corregidos» por los guardias imperiales que dieron así, involuntariamente, la señal de la sublevación. Al día siguiente se concentraron 100.000 personas en Teherán para una marcha política. El ejército abrió entonces fuego sobre la multitud. La muchedumbre se dispersó por las calles de Teherán y la insurrección se expandió. La capital se erizó de barricadas y se decretó el toque de queda. En dos días cayeron cuarteles, edificios administrativos, palacios imperiales, uno tras otros. El 12 de febrero se ponía fin a la monarquía de 2.500 años de antigüedad.

Imam Jomeini sobre Estados Unidos:

En Irán no hay un sentimiento antinorteamericano, sino contra el gobierno estadounidense. En los eslóganes y denuncias, cuando hablamos de Norteamérica nos referimos al gobierno de Estados Unidos, no al pueblo estadounidense. He recibido informes sobre la propaganda antiiraní orquestada por la Administración de Estados Unidos. Los sionistas en especial están haciendo todo lo posible por envenenar a la opinión pública contra Irán. Tal como se ha informado, como resultado de ello en Estados Unidos puede haber sentimientos negativos contra Irán. Pero si los hechos van más allá de la pantalla sionista-imperialista, si a través de los medios de comunicación logramos exponer a la ciudadanía norteamericana la verdad, entonces es muy probable que los norteamericanos cambien de criterio sobre nosotros y respondan amigablemente a nuestra actitud amistosa. Pero no abrigamos ilusiones de que el gobierno de Estados Unidos vaya a cambiar su actitud hostil. El gobierno estadounidense ha perdido gran parte de sus intereses en Irán. Y, lo que todavía es peor, su Administración también ha perdido su prestigio político en otros países. Hemos pedido a gritos justicia, hemos pedido que se resuelvan nuestros motivos de queja. El gobierno de Estados Unidos puso al sah en el trono; es decir, lo pusieron los aliados [en 1941] tras destituir a su padre, Reza Jan, que era un títere de los británicos. En consecuencia el gobierno de Estados Unidos lo ayudó a mantenerse en el poder frente a la oposición de nuestro pueblo. El sah despilfarró nuestros recursos, nuestra dignidad nacional, nuestros activos naturales, el talento de nuestra juventud y todo lo que teníamos. Evidentemente, los iraníes no pueden tener buena opinión del gobierno de Estados Unidos. Y nuestro pueblo ha descubierto recientemente que la Administración norteamericana ha convertido lo que llama su embajada en una base de espionaje y conspiración contra Irán. Los espías actuaban aquí con la excusa de ser personal diplomático. Y ahora que nuestro pueblo es consciente de este hecho, considera que la Administración estadounidense es su enemigo número uno. Desde nuestro punto de vista no puede culparse al pueblo norteamericano del comportamiento de su gobierno en Irán. Los norteamericanos tendrán que reconocer el hecho de que su Administración ha sido injusta no sólo con nosotros, sino también con ellos mismos. A través de su lacayo, el sah, nos ha privado de todo, lo cual ha puesto en peligro el honor de la ciudadanía estadounidense. Debido al comportamiento del gobierno de Estados Unidos, actualmente los pueblos de Oriente están desarrollando un punto de vista negativo sobre la nación norteamericana. Los norteamericanos han de tener este hecho en consideración. Que Qimmy) Cárter siga siendo presidente es un peligro para Norteamérica. Plantea una amenaza al honor nacional de Estados Unidos. Si el gobierno estadounidense -por medio de la intervención militar, del bloqueo económico, de tácticas bravuconas y recursos similares- logra privarnos de justicia, la crisis nunca podrá resolverse, seguirá siempre presente en la mente de nuestro pueblo. El pueblo norteamericano no debe permitir a Cárter que siga este comportamiento, porque de ser así los iraníes irán sospechando que el pueblo norteamericano comparte la voluntad negativa de Cárter contra Irán. Y entonces entre ambos pueblos se establecerá la enemistad. Otra opción es que el gobierno de Estados Unidos reconozca las fechorías que ha cometido en Irán. Que no son pocas. Una de ellas es haber permitido la entrada de un asesino en Estados Unidos. Y, lo que aún es peor, que el gobierno norteamericano imponga a un asesino como gobernante de Irán. Cuando Cárter llegó a la presidencia prosiguió la política de sus predecesores; es decir, intentó perpetuar el gobierno criminal del sah y el saqueo de Irán. Cuando nuestra nación se levantó contra la tiranía de los Pahlevi, Cárter hizo todo lo posible por mantenerla. No lo consiguió. El odio al sah de nuestro pueblo era demasiado evidente para que Cárter no lo notara. Con todo, en flagrante desacuerdo con los sentimientos de la nación iraní, Cárter ofreció al sah derrocado refugio en Estados Unidos. Creo que ni siquiera el pueblo norteamericano se creyó la afirmación de Cárter de que permitía la entrada del sah por motivos humanitarios. Las consideraciones humanitarias no entran para nada en el pensamiento del gobierno norteamericano. Washington está dispuesto alo que sea, incluso amatar a 200.000 personas en un ataque nuclear, para obtener algún provecho. Es impensable que esos funcionarios dieran una visa de entrada al sah por motivos humanitarios. En cierto modo han secuestrado al tirano derrocado para asegurarse de que no divulgue sus secretos. Si se lo permitimos, todos los hechos que el gobierno de Estados Unidos quiere ocultar saldrán a la luz. Y entonces el mundo entero sabrá quién ha ayudado al sah a cometer sus crímenes. Y desde luego, el pueblo norteamericano dejará de votar a su presidente una vez que descubra qué ha hecho. Desde nuestro punto de vista, todo lo que interesa a Cárter es secundario para la Casa Blanca, y con tal de alcanzar su objetivo está dispuesto a hacer lo que sea, incluso a sacrificar el honor de su país. No podemos creer que los reclamos del gobierno estadounidense obedezcan a motivos humanitarios. ¿Acaso sólo el sah es un ser humano? ¿No son seres humanos los 35 millones de iraníes? ¿No eran seres humanos los vietnamitas? ¿No vemos claramente los crímenes que con la aprobación de Cárter están cometiéndose actualmente en el sur de Líbano? Para nosotros [la resolución de la crisis] supone la extradición a Irán del sah derrocado y la adopción de medidas para compensar a Irán por los daños causados por su tiranía. Desde luego, hay daños que son irreparables. Por ejemplo, en la lucha contra el sah hemos tenido unas cien mil bajas. Y aunque el trabajo y el talento humano derrochados para la obtención de sus dañinos objetivos no pueden compensarse, esperamos la repatriación de los bienes saqueados a Irán. El punto principal que cabe tener en cuenta es que nos hallamos en una nueva era. Irán ya no es hoy lo que era bajo el sah. Ha ocurrido un milagro. Bajo el régimen anterior un solo policía podía obligar a todos los comerciantes de un gran bazar a enarbolar banderas para celebrar el cumpleaños del sah. Ese mismo pueblo se levanta con las manos desnudas contra los tanques y la artillería. Incluso ahora se envuelven en sudarios y acuden aquí [a Qom] para manifestarse dispuestos al martirio. No se puede zarandear a un país que ha experimentado tal transformación. Transformación que el señor Cárter aún no ha comprendido. Cree que puede volver a imponer un dictador a un país. Pero ha de entender que los iraníes nunca permitirán tales actos. Cárter se tiene que despertar. Y los norteamericanos han de desalojar a Cárter con su voto. Deben elegir a un presidente adecuado. Si se convence a los iraníes de que el gobierno de Estados Unidos no pretende engañarlos, habrá unas relaciones normales con Estados Unidos; el tipo de relaciones que mantenemos con otros países.   Fuente: Historiaybiografias