El mes sagrado de los musulmanes llega a su Ecuador. Con la ciudad en alerta por las altas temperaturas, unos mil practicantes de la provincia ponen en práctica su disciplina y el sacrificio personal para purificarse.Desde el 27 de mayo hasta el 24 de junio —varía según el ciclo lunar—, los miembros de la comunidad se abstienen de comer, beber y mantener relaciones matrimoniales durante las horas diurnas. “Este año ha tocado en una época dura, pero se maneja bien”, cuenta Ahmed Fiaz, de la comunidad islámica de Jaén. Antes de las cinco de la mañana se preparan una buena comida para soportar las próximas horas en ayunas. Cuando el sol desaparece se reúnen en familia en sus casas y recuperan energías para el día siguiente, con los platos tradicionales de su tierra.

“En Jaén, el Ramadán se vive bien, hay buen clima, ambiente agradable y tranquilo”, asegura Fiaz, y explica que la celebración no tiene que afectar a su día a día. “Es una orden de Dios y hay que aceptarlo”. La disciplina y el aprendizaje son esenciales durante la festividad, cuando se trabaja el conocimiento de sí mismo a través de la fuerza y la paciencia. “El Islam enseña que hay que ser generoso todo el año y durante el Ramadán se enseña cómo viven los más necesitados, para entenderlos mejor”.

El Ramadán coincide con la fecha en la que el profeta Muhammad (P y B) recibió la primera revelación del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, que entre otras muchas cosas establece los limites en las relaciones entre individuos y entre el individuo y la comunidad. Además del ayuno y la oración se anima a pasar más tiempo con la familia y ayudar a los más desfavorecidos. “Juntamos dinero entre varias personas y lo enviamos a los países más necesitados, como puede ser África o lugares de origen de familiares que sabemos que existe mucha pobreza”, dice Fiaz, y añade: “Depende de cada uno; yo, como soy paquistaní, lo envío a mis paisanos”.

Habitualmente los jóvenes musulmanes comienzan a vivir el Ramadán plenamente, con dieciséis años, aunque si el niño tiene buena salud y quiere participar voluntariamente, puede hacerlo.

La purificación de treinta días concluye con el “Aid el Fitr”, una gran fiesta que se alarga durante horas en el que familiares y amigos se reúnen para comer, beber y disfrutar en compañía de los productos tradicionales.

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