Mujer, feminista, empresaria, madre y musulmana. Isabel Romero (Madrid, 1957) puede presumir incluso de haber sido recibida por Obama en la Casa Blanca durante un encuentro con mujeres de esta religión. Algo quizá impensable ahora con la Administración Trump. Lidera desde hace dos décadas el Instituto Halal y está empeñada en que Córdoba encabece el clúster que puede suponer un antes y un después en el desarrollo del mercado halal. En pleno Ramadán -que ella no puede cumplir a rajatabla por un problema de tiroides-, Romero habla con sinceridad de la situación de la comunidad musulmana, de terrorismo y de islamofobia.

¿Cómo surge el Instituto Halal?

— Empieza en 1996, cuando me acerco a la comunidad musulmana a través de un amigo. Ahí descubro que existe el Acuerdo de Cooperación, que recoge los derechos y obligaciones de los musulmanes en España. El artículo 14 habla de la comida halal y pregunté si se había hecho algo al respecto y la respuesta fue: nada. Entonces me pregunté si cabía la posibilidad de que se pudiera desarrollar un proceso de certificación de manos de la iniciativa privada y vimos que era posible. Nos pusimos con ello en el 98, año en que se diseñó la marca y empezamos a registrarla, aunque tardamos tres largos años hasta que se culminó el proceso. Ya en 2002, con todos los informes técnicos favorables, empezamos a trabajar.

Sin embargo, el Instituto Halal ha sido algo ajeno a la ciudad hasta que no surge la idea del clúster, que no termina de despegar

— Es que todo ha costado mucho. En 2002 conseguimos la marca, pero hasta 2010, con la crisis, no despega el mercado halal. Es cuando las empresas pierden sus mercados naturales cuando descubren otros en los que la crisis no ha afectado de la misma manera o no ha afectado nada, y ven una oportunidad. Tenemos empresas desde que empezamos y otras que han llegado en la crisis y han tenido un crecimiento comercial muy importante. Es el caso de una pyme de Sevilla, que pasó de facturar 600.000 euros a seis millones de euros. El clúster a nivel institucional ha costado madurarlo, aunque la idea se vio clara desde el principio. Empezó con el PP, pero estaba terminando el mandato y había que conjugar muchas vocaciones, aunque hubo unidad en las administraciones. A pesar de ello se ha tardado, el equipo de gobierno nuevo llegó y tuvo que valorar si quería comprometerse con este proyecto. Finalmente se han dado los pasos, todavía nos queda que el Ministerio lo admita como clúster. La asociación de empresas innovadoras sí está en marcha y el próximo 22 de junio es la asamblea constituyente. Además, va a nacer como clúster internacional porque va a ver un representación argelina, Marruecos ya ha dicho también que tiene interés en participar y se sumarán otros países del Mediterráneo.

A veces da más la sensación de que el clúster es un concepto más que una realidad

— Un clúster es una prestación de servicios, lo que hace es aunar empresas en torno a un interés concreto y potenciarlo. Puede tener, como es en este caso, un parque industrial, que es la fase dos, que va a estar argumentada muy rápido porque ya tenemos demanda de suelo, como la de los empresarios argelinos. Estamos hablando de un mercado que tiene mucho alcance. El parque industrial no va a tener una única ubicación sino que va a estar compartido entre Rabanales 21 y la zona que se ha definido en la carretera de Palma. Se va a empezar por ahí y se va a intentar dinamizar. La idea es ir juntos a los mercados que están resultando interesantes y fuertes para los productos españoles y va a ser muy interesante para las pymes.

Al final parece que el económico es el único motivo para acercarse al mundo musulmán

— Bueno, más que por la economía, por el comercio y yo siempre digo que el comercio está en el ADN de la comunidad musulmana y el Islam. El profeta Mohammed era comerciante y su mujer era empresaria, llevaban caravanas y movían mercancías de un lado a otro del mundo. El comercio es intrínseco al halal, por lo tanto está muy bien que se pueda acercar a la cultura musulmana a través de él, del comercio lícito, de las cosas buenas, el de las armas y otras cosas feas no nos interesa.

¿Está Córdoba preparada para el turismo halal?

— No. Córdoba ocupa los primeros puestos en los ranking de destinos donde desearían viajar los musulmanes, pero baja posiciones cuando se pregunta adónde van a viajar realmente. Estamos perdiendo muchos turistas porque aquí no hay ningún restaurante preparado para atender sus demandas y, al final, acaban yéndose a Sevilla o Granada para comer. Muchos empresarios no saben que sus propios proveedores tienen productos con certificación halal, y no se habla de una carta específica, sino de una adaptación como ocurre ahora con los alérgenos.

¿Cuánto de mito y de realidad hay en la idea de Córdoba como ciudad de encuentro entre civilizaciones?

— Creo que queda mucho por hacer. Se ha quedado en una marca, que está bien y tiene una lógica histórica, pero está alejada del fenómeno de la diversidad en general, no sólo de la religiosa. Córdoba ha estado muchos años muy cerrada, era muy difícil ver a un extranjero, antes los turistas no pasaban del entorno de la Mezquita. Creo que hemos dado pasos, pero realmente decir que Córdoba es la ciudad del encuentro y la diversidad no sería una afirmación realista. Sí es acogedora, pero una cosa es acoger al que viene de fuera y otra es entender que tú y todos somos diversos. Eso todavía hay que hacerlo.

¿Habrá que buscarle un beneficio económico al impulso de esa marca, como en lo halal, para impulsarlo?

— Eso parece un buen camino, pero luego la batalla fuerte se libra en la convivencia y eso significa aceptar que el otro es igual que tú, aunque el otro te parezca raro o extraño. Si somos capaces de ver que el otro forma parte como tú de la humanidad y que te puede enseñar algo o tú a él, habremos avanzado, y esto hay que hacerlo en las dos partes. Creo que el mundo se ha hecho muy pequeño con la globalización y debemos ser capaces de comprender que ya las fronteras se han acabado, sino se va a sufrir.

¿Cómo ha evolucionado la comunidad musulmana en Córdoba y en España?

— Creo que hay un antes y después del 11S. Antes había menos prejuicios, aquí podía haber el prejuicio del moro, la morofobia, que forma parte del ADN español, pero no tanto por el Islam o lo musulmán. Después del 11S se establece el peligro y se asocia al musulmán como violento, atrasado, peligroso… Desde entonces crece la islamofobia y hay una alerta social que dice: cuidado con los musulmanes. Se ha generalizado el terrorismo, se ha vinculado como si fuera intrínseco al Islam. Un terrorista que se autodenomina musulmán no tiene nada que ver con los 1.600 millones de musulmanes que hay en el mundo. Ese vínculo inmediato o dar por hecho que esa persona es musulmana es erróneo. El terrorista puede decir lo que quiera, pero eso no quiere decir que los musulmanes tengamos ese vínculo o nos reconozcamos en las acciones de esas personas; ellos dicen que lo son pero ya le rendirán cuentas a Dios. Afortunadamente se va viendo que son grupos organizados, ideológicamente organizados, que funcionan casi como una secta, gente vulnerable que son capaces de perder la vida matando. Eso es lo más horrible que un musulmán puede plantearse en su cabeza, ir contra su propia vida. ¡Si el Islam defiende que la vida es un regalo de Dios!

¿Cómo se ataja la islamofobia?

— Haciendo pedagogía, ciudadanía, entendiendo que esta gente son enemigos de todos, no sólo de los que no son musulmanes. Son enemigos de la libertad, de la democracia, de todos los valores que tenemos como personas. Si no entendemos que esto es de todos y que lo vamos a combatir y tenemos que luchar todos contra ellos, vamos a tardar más tiempo.

Sin embargo, hay partidos que están sacando rédito político al discurso racista y la islamofobia

— Pero es una renta muy a corto plazo. Categorizar al mundo musulmán sobre el paraguas de una gente que tiene unos vínculos culturales determinados y unos intereses políticos e ideológicos más que oscuros, es que nos estamos equivocando. Se quiere vender un debate entre libertad o seguridad, pero es que la seguridad sin libertad, ¿para qué sirve? La seguridad total es imposible porque si alguien decide matarse con un cinturón, pues ya puedes tener los servicios más sofisticados del planeta, que no vas a poder hacer nada. Para blindarnos como sociedad tenemos que hacerlo colectivamente y no segregando y construyendo un enemigo, porque al otro le estás invitando a excluirse y al final puede llegar a pensar que, efectivamente, no tiene nada que ver con esa sociedad. Eso es un error gravísimo. somos todos ciudadanos y tenemos que aprender a trabajar juntos.

La renta política será a corto plazo, pero la está teniendo y da miedo

— A lo mejor durante unos años tiene un cierto recorrido, pero luego vamos a tener que volver atrás. Da miedo por un lado y por otro. Al final es como un monstruo con dos cabezas, uno retroalimenta a otro: un atentado hace subir a los partidos de extrema derecha y también de extrema izquierda. ¿Qué lógica interna hay ahí? Eso da miedo, porque al final la sensación que tengo es la de que todos perdemos y nadie gana.

Por muy poco tiempo que sea, ¿será posible recomponer lo que se está llevando por el camino?

— La crisis va a impedir volver al punto de inicio. Hemos perdido cosas pero por la pura lógica económica y globalización. Quizá a nivel de convivencia sí que se pueda, a otros niveles creo que hemos perdido cosas que van a ser poco recuperables. Por eso yo creo que hay que poner el énfasis en la justicia, en la igualdad, en los valores. Eso va a tardar, pero lo que es seguro es que no se va a solucionar con valores de exclusión. Nadie va a poder cerrar las fronteras.

¿Cree que en España puede tener éxito un partido político con discursos de ese tipo?

— Ya lo tenemos. Está España 2000, que tiene alcaldes y concejales; tenemos a Vox, que empieza a tener representación en algunos lugares de España. Además hay 400.000 microroganizaciones de este perfil, que como se pelean entre ellos gracias a Dios, pues no son capaces de formar una alternativa como el Frente Popular en Francia. Y tenemos algún miembro del PP con expresiones xenófobas claras, defendiendo cosas en Cataluña o en otros lugares. No podemos decir que el PP, porque no es verdad, sea de ese perfil ideológico, pero sí que dentro hay gente que comulga o le gusta este tipo de políticas.

También los habrá en otros partidos…

— Los hay. Por ejemplo, en la izquierda pasa en el lado contrario, que nos encontramos un mal entendido laicismo que por rechazo seguramente al nacionalcatolicismo rechaza cualquier cosa que tenga que ver con el hecho religioso.

¿La Mezquita-Catedral es de titularidad pública o privada?

— Nosotros no hemos entrado en el debate de la titularidad. Hace muchos años hicimos una reivindicación sobre un posible uso ecuménico, pero cuando el Papa contestó a una carta que le enviamos en 2006 renunciamos a ella porque nos parecía que el ruido social era perjudicial y no merecía la pena. Lo otro es una reivindicación social, de gente que considera que un monumento de esta envergadura debe ser público, y ahí cada uno debe posicionarse donde le parezca bien. Lo que no me parece es que se utilicen argumentos como que a los cristianos se les quiere expulsar, no he leído en ningún sitio que deba ser así. Si el monumento es una Catedral desde hace siglos, ¿por qué van a dejar de tener culto? No me parece razonable, sea de titularidad pública o privada.

¿De verdad cree que es una reivindicación ciudadana?

— A lo mejor empezó siendo ciudadana y ahora ya no se sabe. A mí no me interesa. Lo que me interesa es que lo tenga el Estado, el Ayuntamiento o la Iglesia, se respete el monumento, se respete la historia y su legado y si pudiera servir además como un símbolo de convivencia, por la paz y por la concordia, yo estaría encantada de la vida. Ojalá se pueda conseguir.

Usted es mujer y musulmana

— Soy mujer, soy feminista, soy madre, soy musulmana, soy empresaria. Todo es compatible.

¿Es usted una excepción?

— Para nada. Hay un estereotipo sobre que el Islam no puede ser compatible con el feminismo y eso no es cierto. Ese estereotipo encaja con unos modelos que son culturales, que no tienen nada que ver con el Islam, sino con la cultura. Si yo hubiera encontrado en el Islam algo contradictorio a mis valores, nunca me hubiera acercado a esta comunidad. Si he podido conciliarlo es porque el Islam lo que ha hecho es reafirmarme en todo lo que pienso. Eso no quiere decir que quede mucho por hacer, porque visiones patriarcales, machistas, desde la interpretación de los hombres de los textos sagrados han hecho daño y hacen daño y hay que trabajar en ello.

¿Entonces es todo una cuestión cultural?

— Del patriarcado, como siempre. Por eso todo intento de las mujeres de recuperar un espacio propio es contestado. En una visión de control y poder, pues reacciona hasta matando. Eso también se está considerando terrorismo.

Fuente: http://bit.ly/2t1NV0U