El pequeño Mohammed Shoayet, de un año de edad, murió ahogado junto a su madre y su hermano de tres años en el río Naf, que marca la frontera entre Myanmar y Bangladés. Él y su familia huían de la persecución del ejército de Myanmar.

Por su parte, una comisión gubernamental birmana encargada de investigar las posibles exacciones en el noroeste del país negó este miércoles que se estuviera llevando a cabo un genocidio contra los musulmanes rohingyas.

Esta afirmación tiene lugar pocos días después de la difusión de un video en el que se veía a policías golpeando a miembros de la minoría rohingya.

Desde octubre, 50.000 musulmanes rohingyas huyeron de una operación del ejército birmano lanzada en respuesta al ataque de puestos fronterizos en esta región por grupos de hombres armados.

Al llegar a Bangladés, estos refugiados describieron terribles exacciones cometidas contra ellos por el ejército, desde violaciones colectivas a torturas y asesinatos.

Un miembro de Naciones Unidas, así como el primer ministro malasio, hablaron de genocidio.

En un informe provisional, la comisión, nombrada por el gobierno, estimó el miércoles que la presencia de población musulmana y de mezquitas “demuestran que no ha habido ningún caso de genocidio ni de persecución religiosa”, según un comunicado publicado por los medios oficiales.

Respecto a las alegaciones de violaciones a mujeres rohingyas por soldados, la comisión habla de “pruebas insuficientes”, pero precisó que seguiría investigando acusaciones de otros crímenes y tortura.

Para Chris Lewa, del proyecto Arakan, una organización de defensa de los derechos de rohingyas, “su metodología no es creíble”.

“Su trabajo era verificar las alegaciones en el terreno pero no lo hicieron”, agregó.

Los militantes de defensa de los derechos humanos contestan desde el principio la formación de la comisión, compuesta por 13 miembros y dirigida por un exgeneral del ejército.

La semana pasada, más de una decena de galardonados con el premio Nobel de la Paz escribieron al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para pedir una intervención y evitar esta “tragedia humana, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad”.

Considerados como extranjeros en Birmania, país budista en un 90%, los rohingyas musulmanes son vistos como apátridas y sufren diariamente discriminaciones.

Fuente: