Arabia Saudí ha ejecutado a un reputada figura religiosa de los shiíes saudíes y de todo el mundo, junto con otras 46 personas, todas ellas acusadas de “terrorismo”, lo que no deja de ser una ironía en un país que es el principal promotor mundial del terrorismo takfiri.
Sheij Nimr fue un sostenedor de las protestas pro-democracia que surgieron en la Provincia del Este en 2011, donde una mayoría shií ha venido quejándose de una completa discriminación.
Él fue arrestado hace dos años y recibió varios disparos de las fuerzas saudíes durante su detención.
Él fue acusado de “instigar la rebelión y socavar la seguridad del reino” por pronunciar discursos antigubernamentales y defender a los presos políticos.
El Gran Mufti de Arabia Saudí, Sheij Abdulaziz al Sheij, apareció en televisión y calificó la sentencia de “justa”.
En 2014, un tribunal saudí condenó a Sheij a muerte provocando una amplia condena mundial. La sentencia fue confirmada en marzo por el Tribunal de Apelaciones saudí.
La ejecución de Nimr al Nimr ha provocado irritadas reacciones de los organismos de derechos humanos, que han lanzado fuertes ataques contra Arabia Saudí por su actuación en el terreno de los derechos humanos. Ellos señalan que Arabia Saudí ha venido implementando políticas represivas que impiden la libertad de expresión, asociación y reunión.
AI también criticó el proceso de juicio de Sheij Nimr y dijo que consideraba los cargos contra este último como un ataque al derecho de libre expresión.
Por otro lado, los críticos del régimen saudí han advertido que su ejecución podría “incendiar la región”.
“La ejecución de Sheij Nimr al Nimr nos sorprendió”, dijo su hermano. Mohammed al Nimr, en un comentario con el canal Al Mayadin. “Debería haber una respuesta. Se trata de una pena de muerte por un delito de opinión”.
Él cree que la respuesta del pueblo de Qatif y de la Provincia del Este será amplia, pero espera que sea pacífica y no se lleven a cabo actos de violencia.
El sobrino de Sheij Nimr fue también condenado a muerte por participar en protestas cuando tenía 17 años y espera la ejecución “por decapitación y crucifixión”. Una campaña internacional ha sido puesta en marcha para obtener su libertad.