En lo que puede calificarse como una de las compras más abultadas en armamento de guerra de la era de Mauricio Macri, el Ministerio de Defensa definió la adquisición de seis aviones cazabombarderos a Francia por un total de 10 millones de dólares.
 
Según adelantaron fuentes calificadas del Ministerio de Defensa, la Argentina concretará en junio próximo la compra a Francia de 6 aviones Dassault-Breguet Super Étendard. Se trata de los cazabombarderos que pueden ser utilizados desde un portaaviones y que fueron diseñados por Dassault-Breguet para la Armada francesa. Este avión fue utilizado por la Argentina en la guerra de las Islas Malvinas en 1982, cuando esas aeronaves disparaban los misiles Exocet desde el portaaviones ARA 25 de Mayo.
Según confiaron las fuentes consultadas, los aviones que se incorporarán a la Fuerza Aérea están “modernizados” y formarán parte de una serie de compras en armamento de guerra, que el gobierno de Macri planea adquirir en lo inmediato.
A su vez, en los planes del Ministerio de Defensa figura también la “modernización” de cinco aviones Hércules: dos ya estarían listos y fueron supervisados por técnicos de los EEUU en la fábrica de aviones de la Argentina FADEA; y la construcción, en los astilleros de Tandanor, de cuatro barcos de patrullaje, con financiamiento de Francia, Italia y China. Estas embarcaciones se sumarán a los barcos LICA que se están fabricando en el astillero de Río Santiago bajo supervisión de la Sociedad de Clasificación Nippon Kaiji Kyokai (NKK).

En el actual estado de cosas en Argentina, con una crisis social y económica en pleno desarrollo producto de la clara definición política por parte del gobierno de Macri, alineado a los preceptos del neoliberalismo más recalcitrante y subordinado a los dictados de la geopolítica norteamericana en la región, esta decisión resulta, como mínimo, alarmante.

Por un lado, esta serie de gastos en armamento se inscribe en una política nacional general en la cual el presupuesto para los sectores del Estado que se ocupan del bienestar y desarrollo social, se reduce, mientras que los gastos en rearme militar (tanto de guerra, en este caso, como de aquel destinado a la represión de la protesta social interna) crecen constantemente.
Y por otro, a priori no queda claro cuál es/son las verdaderas motivaciones detrás de la decisión de encarar la compra sistemática de armamento, en un país que no se encuentra involucrado en ninguna clase de conflicto externo que pudiera originarla.
Sin embargo, totalizando hasta el momento un monto de 30 millones de dólares de gasto en armamento según fuentes del propio Ministerio de Defensa; el empecinamiento del gobierno argentino por encarar una política de rearme de sus Fuerzas Armadas en un tipo de pertrechos y vehículos que sólo sirven en caso de un hipotético conflicto externo, no puede menos que encender las señales de alarma, tanto para la sociedad argentina como para los países de la región que resisten y enfrentan los designios de Washington. En vistas de los acontecimientos de los últimos meses en el actual contexto latinoamericano, no es novedad que los gobiernos cipayos de la derecha regional, tal el de Mauricio Macri, se mantienen obedientes a las ordenes que les llegan desde el norte y que, ya sea en el marco de la OEA o por fuera de ella, y ya sea por la vía diplomática o por otras que no lo son tanto, últimamente se han abocado con especial inquina a atacar al chavismo y a desestabilizar al gobierno bolivariano de Nicolás Maduro en Venezuela.