El director, pianista y humanista Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) visita Chile por segunda vez, con motivo del debut de la emblemática orquesta West Eastern Divan, un proyecto musical que lidera hace casi veinte años con un concierto único en Corpartes este miércoles 9 de agosto a las 20:00 horas, en el que participan músicos israelíes, palestinos y de países árabes.Barenboim llega acompañado de la viuda del intelectual palestino Edward Said (1935-2003), con quien fundó la orquesta en 1999. Un conjunto que “no es la Orquesta de la Paz, ya que la paz necesita mucho más que una orquesta”, según aclara en una entrevista que otorga a un grupo de medios, y tampoco es tolerante “por el sentido negativo que la tolerancia involucra”.

Más bien lo define como un proyecto de humanidad. “Lo que se les pide musicalmente (a los músicos) es que estén de acuerdo y ayuden a dar a la orquesta un pulmón común”.

Lucha por la paz en Medio Oriente

Barenboim es un pianista y director de orquesta que además tiene la nacionalidad de España, Israel y Palestina. Ha dirigido las principales orquestas del mundo. Además es un activo militante por la paz en Medio Oriente.

“En cuanto a la opinión del otro nunca se busca un consenso, lo que se busca es el respeto a la narrativa del otro”, señala. “El contrapunto se produce entre la combinación de los acuerdos en la música y el respeto del relato; ahí está la base de la orquesta”.

“¿Por qué funciona? Por la igualdad. Los músicos de la orquesta vienen de culturas diferentes pero la música los iguala y con las horas que pasan logran afinar juntos, tener la misma dinámica y tocar juntos. La música es la aceptación de la diversidad y genera la ansiedad de volverse uno, de formar parte de una unidad. Mal que mal la iniciativa busca reunir a talentos musicales de los territorios en conflicto árabe-israelí, con el fin de crear un espacio de debate, diálogo, convivencia y comprensión entre las culturas, a través del lenguaje común de la música”, resume.

Ante conflictos tan graves como la Guerra de Gaza, los músicos se reúnen para discutir. No es fácil sentir simpatía cuando en la familia de un músico sirio le mataron a un hermano. Barenboim los escucha en silencio y cuando le preguntan los insta a buscar la compasión.

¿Cómo se mantienen?

Hay una base de músicos que llevan varios años que son la base y siempre hay jóvenes que llegan por curiosidad y los siguen; pero como las condiciones en 1999 eran muy diferentes, Barenboim no cree que hoy se podría crear una orquesta.
¿Cuál es el impacto de la Orquesta West Eastern Divan hoy en Israel?

“Es nulo, hay tantos detractores como admiradores”, responde. Y agrega que la orquesta no es un factor de unión y él prefiere no dirigirla fuera de Israel.

Un ejemplo de los problemas del artista en el Estado judío fue la polémica cuando quiso dirigir una obra del reconocido compositor alemán Richard Wagner en Israel.

“Es una hipocresía gubernamental israelí, ya que si bien Wagner es un magnífico compositor, es conocido por su antisemitismo y su música fue usada por los nazis como su profeta”, comenta.

El gran problema que tiene esta música es la asociación, y nos demostró que con esto el Estado de Israel politizó el holocausto, añade.

El tema de la migración

Por su biografía, Barenboim tiene la idea de que la inmigración es positiva. En su caso nació en Argentina, creció en Israel y vivió un tiempo en Estados Unidos y los últimos años en Europa.

Frente al problema actual de los migrantes en Europa, especialmente en Alemania, adonde llegó un millón de refugiados en los últimos dos años, su apuesta fue abrir la Academia Barenboim-Said en Berlín con el propósito de acogerlos.

Para ello creó una clase preparatoria. Con esto les da la posibilidad de aprender música y poder postular a la academia.

Al profundizar en el tema de la migración en la Unión Europea, considera que el gran fracaso de este sueño es que los líderes no fueron capaces de crear un sentido de pertenencia cultural y social y solo se concentraron en la mirada política y económica.

“Hoy los españoles, los griegos, los italianos no se sienten parte de la UE. Hoy sólo les queda en común el euro”, lamenta.

Fuente: El Mostrador