El Comité Olímpico Internacional (COI) los excluyó para manifestarse en contra del apartheid, el término africano que denomina el “desarrollo separado.

El Comité Olímpico Internacional tuvo una decisión importante que tomar justo antes de la celebración de la justa deportiva. Sudáfrica, país en el que se mantenían las políticas segregacionistas del apartheid, pidió al organismo en septiembre de 1967 su admisión para poder participar en los Juegos de México. Cuatro años antes, el equipo sudafricano había sido excluido de Tokio 1964 debido a la misma causa.

Con el argumento de que la nueva delegación de atletas no habría de diferenciar entre razas, los dirigentes deportivos sudafricanos presentaron la solicitud. El COI la aceptó al corroborar que, en efecto, Sudáfrica conformó un equipo olímpico mixto.

Esta medida causó una oleada de protestas, especialmente de los países africanos. No era suficiente un equipo deportivo sin distinción racial mientras las políticas racistas se mantuvieran oficialmente. 38 naciones del continente amagaron con boicotear los Juegos Olímpicos, al igual que algunas organizaciones apoyadas por atletas afroamericanos en los Estados Unidos.

El COI vio que el fuego, no precisamente olímpico, se acercaba a ellos de forma inevitable. Los aires de libertad de 1968 habían despertado en el mundo una sed de justicia que se extendía al deporte. El mismo Comité Olímpico de la Unión Soviética acusó a los dirigentes deportivos internacionales de “contradecir los principios básicos de los Juegos al readmitir a una nación con políticas raciales excluyentes”.

Las presiones fueron demasiadas para el organismo internacional. El 23 de abril, unos meses antes de la competencia, se dio marcha atrás con la readmisión de Sudáfrica. El país volvería a los Olímpicos hasta Barcelona 1992, 24 años después.

Los Juegos Olímpicos de México 1968 estuvieron cargados de política desde muchos meses antes de su inicio. La culminación de este movimiento de reivindicación racial se dio cuando tres hombres, dos estadounidenses y un australiano, aparecieron en el podio de premiación de los 200 metros planos. Los afroamericanos John Carlos y Tommie Smith levantaron su puño al aire con un guante negro, mientras el atleta blanco Peter Norman usó una insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos apoyando la causa de los dos atletas de color.

Fuente: Nexofin