Por May Schwarzkopf

El tiroteo de una hora después de la medianoche, que mató a 39 personas que celebraban Año Nuevo e hirió a otras 69 en el nightclub Istambul Reina, fue el primer acto terrorista de 2017. Se produjo poco después del asesinato del embajador ruso Andrew Karlov en Ankara este pasado lunes, 19 de diciembre, por un agente de las fuerzas especiales de Turquía de 22 años de edad, Mevlit Mert Atlintas, que gritaba “esto es por Siria!” en nombre del brazo sirio de Al-Qaeda, el Frente Al-Nusra.

Ese asesinato tuvo la distinción histórica de marcar la apertura de las compuertas para que la guerra siria y sus adjuntos terroristas iniciaran su camino a Turquía a través de la frontera.

La invasión en agosto del ejército turco en el norte de Siria provocó una drástica escalada de los ataques terroristas devastadores en el país por organizaciones basadas en Siria, con el ISIS, el Frente Al-Nusra y los Halcones de la Libertad del Kurdistán, como los principales autores de atentados regulares de los separatistas kurdos del PKK.

Sin embargo, incluso el impacto de aquellos acontecimientos agobiantes palidece frente al terremoto que está irrumpiendo a través del país y amenazando con volar su sociedad, sus fuerzas armadas y sus instituciones de gobierno, bajo el peso de las tres guerras que el presidente Tayyip Erdogan ha encendido:

Sus tropas están luchando tres guerras simultáneas: Dos fuera de sus fronteras en Siria e Irak y una campaña en casa contra la insurgencia kurda. Si bien la participación de Turquía en las tres ha sido de bajo perfil, está siendo arrastrada hacia áreas más amplias y complicadas del conflicto.

La inteligencia turca no da más de sí para contender con las tres guerras, mientras que al mismo tiempo frustra las redes terroristas plantadas en Turquía por el ISIS, el Frente Al-Nusra y los insurgentes kurdos sirios.

En 2016, Ankara y Estambul sufrieron varios ataques de ISIS (Daesh en árabe) y el PKK en los que murieron más de 180 personas.

La victoria ruso-sirio-iraní y de Hezbollah en Alepo ha empujado a un gran número de rebeldes sirios derrotados en la región de Idlib, a la frontera de Turquía, presentando a Ankara un dilema: Dejar abierta la frontera como lo está en la actualidad o sellarla como Moscú exige. El cierre comprimiría a los rebeldes fugitivos dentro de una caja ruso-siria-turca igual que el bloqueo que Israel y Egipto imponen a la Franja de Gaza palestina. Se dejaría a los rebeldes sirios con pocas opciones para sobrevivir sino es llevar su guerra contra el sur de Turquía.

Las fuerzas armadas turcas están, al igual que el servicio de inteligencia del MIT, fuertemente sobrepasados en la supuesta guerra contra el ISIS en Siria, al mismo tiempo que lucha contra el Frente Al-Nusra (también conocido como el Fatah al-Sham), que orquestó el asesinato del embajador ruso, grupos sirios musulmanes fundamentalistas y terroristas rebeldes kurdos.

La situación podría volcarse a peor si la minoría kurda eligiera este momento para levantarse contra el gobierno de Erdogan, con el respaldo del PKK y la milicia kurda YPG siria. Hay 10 millones de kurdos que viven en el sur de Turquía, de un total de 22 millones en todo el país.

Ankara está en el proceso de salir de la OTAN, dando la espalda a los Estados Unidos y a Europa y forjar un frente común con Rusia, China e Irán.

El gobierno de Obama no ha logrado detener este proceso. Sus errores pueden haber acelerado incluso la marcha de Turquía. La administración Trump tendrá que decidir si está dispuesta o es capaz de transportar a Turquía de nuevo a su bando o aprovechar el proceso para beneficio de los Estados Unidos.

Desde el intento de golpe de estado en Turquía, Erdogan ha venido aplicando una represión sin interrupciones y purgas en todos los ámbitos de la vida turca, en su persecución contra su principal rival, Fethullah Gülen, al que acusa de orquestar el golpe desde su lugar de exilio en América. El gobernante de Turquía culpa a Gülen cada vez que cualquier oposición levanta la cabeza. A continuación, aplasta a tales oponentes con una mano pesada.

Este régimen de represión ha tenido el efecto contrario al que pretende Erdogan. Gülen, anteriormente una figura marginal en la política turca, es ahora un gigante y un héroe para cada vez más segmentos de la sociedad turca. Las personas también están siendo impulsadas a los brazos de los elementos radicales.

Si Erdogan no logra frenar la propagación de la guerra siria en Turquía, puede encontrarse a sí mismo luchando no en uno, sino en tres frentes dentro de casa: Los kurdos, los islamistas radicales y el movimiento Gülen.
Autora: May Schwarzkopf