La hora del consumidor responsable ha llegado. Existe un alto nivel de consenso acerca del impacto positivo que puede generar el consumo responsable para nuestro ambiente, entendiendo que el cambio de patrones culturales de consumo de la sociedad moderna  y sus hábitos de vida puede ayudar de forma significativa a mitigar el cambio climático.

Pero sobre lo que no hay tanta coincidencia es sobre el rol del ciudadano como agente de cambio de esos patrones culturales de consumo. De nada sirve que una persona común compre agua mineral en bidones retornables, mientras una gran compañía produce e introduce al mercado millones de botellas plásticas de agua a precios irrisorios y sin pagar un céntimo por la basura que genera. También nos sucede en la industria de bienes durables con la obsolescencia programada, que hace que esos productos ya no sean tan durables, lo que se conoce como productos para el basurero, que nos inundan de residuos a poco tiempo de consumir un bien.

Para que los cambios de los patrones de producción y consumo sean efectivos, deben estar liderados por el Estado, a través de premios y castigos para la industria. Ahora bien, que el rol protagónico para impulsar esos cambios sea de los gobiernos y de las industrias no quiere decir que los consumidores no tengamos responsabilidad y rol activo en ese cambio.

Hay fundamentalmente dos ejes en los que el consumidor responsable puede hacer la diferencia real para el ambiente: uno en materia de consumo de electricidad a través de la eficiencia energética y el otro en prevención de la contaminación, a través de la disminución en la generación del residuo domiciliario.

Por ejemplo, tan solo la iluminación se estima que representa aproximadamente el 15 por ciento del consumo mundial de electricidad y el 5 por ciento de las emisiones globales de gas de efecto invernadero (GEI). Actualmente tenemos varias alternativas para iluminación: las lámparas incandescentes halógenas, las  conocidas como lámparas de bajo consumo,  y las LED. Las más eficientes son estas últimas, de acuerdo con datos oficiales (1) si se reemplazan las luminarias halógenas de uso residencial por LED, se generaría un ahorro del orden del 6 por ciento al 9 por ciento de la energía eléctrica. Otro punto clave es no solo qué compro en materia de eficiencia energética, sino cómo uso mis artefactos en el hogar: administrar mejor nuestro lavado de ropa o nuestra calefacción y  refrigeración.  

Otro ítem en el que incide el consumo responsable es a la hora de disminuir la basura. El consumo responsable, más que enfocarse en los productos ecofriendly, debe implicar el consumo menor. Consumir más agua de red, en lugar de aguas minerales embotelladas, consumir productos que puedan ser reutilizables o reciclables fácilmente. Elegir todo lo que represente menos packaging que terminan en la basura o consumir la proporción justa en frutas y verduras para evitar que se nos pudran antes de tiempo, mirar fechas de vencimiento y algo fundamental: ser responsables en nuestra etapa del posconsumo, separar nuestros residuos para que puedan ser recuperados.

Fuente: Noticias Positivas