África, cuna de la humanidad, ha sido víctima de muchas injusticias; una de ellas se remonta a su historia contemporánea; es una herida que continúa abierta y cuyo recuerdo aún duele: el apartheid, sucedido en Sudáfrica y la actual Namibia.

El significado de la palabra apartheid es separación, y promulga exactamente eso: que la población negra y la población blanca se mantuvieran separadas en lo educativo, recreativo, así como en sus sitios de residencia; además, restringía las libertades individuales con la prohibición de los matrimonios interraciales. Establecía también hospitales y transporte público específico para cada grupo. En el plano geográfico, el apartheid creó los bantustanes, territorios reservados únicamente para negros, los que eran, en su totalidad, pequeños y marginados.

A partir de la plenitud del apartheid la historia de Sudáfrica se vio en decadencia, desde ser excluidos de la organización Commonwealth, hasta quedar fuera de los Juegos Olímpicos de Múnich, en 1972. Uno de los decretos promulgados por el apartheid, y uno de los que desencadenó una de las mayores masacres, sucedió en 1974; el Decreto Medio de Afrikaans obligaba a las escuelas de población negra a la enseñanza del inglés y Afrikaans, esta última lengua practicada mayormente por los blancos y mestizos.

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Para la población negra, concentrada en el distrito de Soweto, en Johannesburgo, aprender Afrikaans sólo fue un capricho de los gobernantes y políticos, pues era la lengua inglesa y la más utilizada en actividades económicas; además, sin importar que los estudiantes lo hablaran, seguían sufriendo de discriminación por su raza. El resentimiento de la población negra aumentó cuando se dio a conocer que la ley permitía a los estudiantes blancos elegir libremente en qué idioma llevarían las diferentes materias que veían.

Las manifestaciones estudiantiles en Soweto presentaron carteles que exigían el mismo trato a blancos y negros, de esta manera se empezaron a realizar reuniones que formaron grupos de oposición y recibieron apoyo del Movimiento de Conciencia Negra y de algunos profesores.

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El 16 de junio de 1976 se realizó la última protesta, la que inicialmente comenzó como una manifestación pacifista y que reunió alrededor de 10 mil personas con carteles que decían: “abajo el afrikaans” o “si aprendemos afrikaans, que Vorster aprenda zulú”.

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La cólera de los manifestantes se desató en el momento en el que los policías soltaron perros de presa contra los escolares, lo que hizo que reaccionaran de manera agresiva hacia los caninos, y que los uniformados dispararan armas de fuego hacia la multitud. Se perdió el control de la situación tanto por agentes policiales como por civiles, por lo que mil 500 policías llegaron al lugar para restablecer el orden  sin importar las consecuencias.

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Durante esta manifestación 566 personas, en su mayoría a estudiantes, perdieron la vida. Jóvenes que sólo luchaban por hacer un cambio y por intentar que se valoraran sus derechos sin importar la raza a la que se perteneciera.

Las cifras oficiales dijeron que sólo hubo 23 muertos, un número que sin duda buscaba disfrazar la realidad y dejar en el olvido la violencia y opresión del gobierno.

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La masacre de Soweto marcó un antes y un después en la historia del apartheid, pues la crueldad y la violación de derechos quedaron descubiertos al mundo. La fotografía de un joven cargando el cadáver de un estudiante de 12 años, el más joven, dio la vuelta al mundo y se convirtió en un símbolo de la masacre.

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Luego de que los enfrentamientos públicos se incrementaran, el escenario se volviera cada vez más violento y la población se convulsionara cansada de la represión y el racismo, en 1990 el presidente Frederik Willem de Klerk puso punto final al apartheid y liberó a Nelson Mandela. En 1994 el país celebró las primeras elecciones libres y Mandela fue elegido presidente. Así, la historia de un largo sufrimiento llegaba a su fin, mas el camino rumbo a la reconciliación y remarcación de los daños apenas comenzaba… 

 

Fuente: culturacolectiva