El faraón Akenatón, esposo de Nefertiti, protagonizó hace casi 3500 años una revolución, al eliminar 2000 deidades de Egipto y declara al Sol como único dios.

Desde el principio de su reinado que coincidió con los años dorados del Imperio egipcio, Akenatón y Nefertiti decidieron desafiar todo el sistema de fe del Antiguo Egipto y cambiar una religión de unos 1500 años de antigüedad, relata un informe publicado el domingo por BBC Mundo.

Ellos estaban dispuestos a sacudir las bases mismas de la visión del mundo egipcia. Sus ideas llevarían a la nación al borde del abismo, pero él era un faraón, un dios viviente y podía cambiar todo: la religión, la política, el arte y hasta el lenguaje. Y vaya si lo hizo.

La idea de Akenatón era dramática y revolucionaria: por primera vez en la historia, un faraón quería reemplazar el panteón de los dioses egipcios con uno solo, el creador de todo: el Sol o Atón, como se llamaba.

Decretó que los 2000 dioses tradicionales que habían protegido a Egipto por más de mil años quedaban eliminados. Los dioses en formas animales y humanas fueron reemplazados por un dios abstracto, el Sol que iluminaba con sus rayos al rey.

Para los sacerdotes tradicionales, quienes habían dedicado sus vidas enteras a los antiguos dioses y habían sido extremadamente poderosos hasta entonces, era una catástrofe.

Otra forma de demostrar la ruptura con el pasado fue a través de la arquitectura. Los templos tradicionalmente eran cerrados: al entrar al complejo, el piso se levantaba gradualmente, el techo caía y había muy poca luz.

El culto al Sol trajo santuarios al aire libre, algo que se hacía antes pero nunca a tan gran escala. Sin embargo, eventualmente los únicos fieles que podían entrar en esos templos eran el faraón y su esposa.

Sin embargo, sus súbditos realmente no habían abandonado a los otros dioses y el faraón se enteró de la traición. Ordenó buscar todas las imágenes de los antiguos dioses y destruirlas, especialmente las del rey de todos los reyes Amón-Ra.

El faraón se tornó intolerante. Envió a sus soldados a borrar la memoria de los dioses en todas sus tierras. A finales de su reinado, su revolución se amargó.

Los que vinieron tras la muerte de Akenatón se esforzaron por destruir cualquier rastro de él y de su culto hereje. Sus estatuas fueron derribadas y, para despojarlas de significado, las piedras de sus templos usadas como material de construcción de otros nuevos.

Fuente: http://htv.mx/15Qn