El presidente en ese entonces de los Estados Unidos, Barack Obama, comunicó al Congreso su decisión de retirar a Cuba de su lista de países patrocinadores del terrorismo el 14 de abril del 2015.

La medida, que entró en vigor en 45 días después del comunicado según las leyes estadounidenses, era una de las exigencias más reiteradas por el gobierno de La Habana en las actuales negociaciones diplomáticas para restablecer las relaciones diplomáticas bilaterales.

“El presidente envió hoy al Congreso el informe requerido por ley y los documentos que muestran la intención de la administración de rescindir la designación de Cuba como país patrocinador del terrorismo”, señaló la oficina de prensa de la Casa Blanca en un comunicado ese día.

La isla estaba desde 1982 en la “lista negra”, que conformaba hasta ahora sólo con Irán, Sudán y Siria, fundamentalmente por acusaciones de apoyar a grupos terroristas de otros países.

Los documentos enviados al Congreso muestran que “el gobierno de Cuba no ha brindado ningún apoyo al terrorismo internacional en el último periodo de seis meses”, así como que ha asegurado que “no apoyará actos de terrorismo internacional en el futuro”, según el comunicado.

El anuncio tuvo lugar pocos días después de que Obama celebrara una histórica reunión con su homólogo cubano, Raúl Castro, en el marco de la Cumbre de las Américas de Panamá, en el primer encuentro a ese nivel entre ambos países en más de 50 años.

La presencia de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo de Estados Unidos era considerada uno de los principales escollos para que ambas naciones puedan restaurar sus relaciones diplomáticas.

Aunque subrayó recientemente que no era una “condición” para reabrir embajadas, el gobierno de Raúl Castro volvió a exigir el fin de semana anterior al comunicado en Panamá que Washington elimine a la isla de la lista “en la que nunca debió haber estado”.

Estados Unidos colocó a Cuba en su “lista negra” en 1982 durante la administración del republicano Ronald Reagan, por acusaciones de que la isla socialista apoyaba a movimientos terroristas en otros países.

Se le reprochaba entre otros su apoyo en décadas pasadas a la organización separatista vasca ETA, así como a la guerrilla marxista colombiana de las FARC.

Los últimos reportes del Departamento de Estado señalaban sin embargo también La Habana servía de garante para el proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC.

Washington y La Habana anunciaron el 17 de diciembre de 2014 un acuerdo para retomar las relaciones diplomáticas rotas en 1961. Ambos países negociban desde finales de enero del 2015 la prevista reapertura de embajadas.

El histórico acercamiento entre los viejos enemigos ideológicos fue celebrado como un hito en todo el mundo.

 

Fuente: Ámbito